Aster Heras

Diario de un sueño

El tiempo en el que no estás

Eterno tiempo, en que no estás.

Lleno de risas, que intentan esconder tu ausencia. Llevo 9 días aguantando, fingiendo que no es nada. Sin saber que incluso ignorándolo, cuento los días. Las horas. Los minutos. Hasta tu regreso.

Te has ido, pero nunca has estado tan cerca. Y no, me dedico a rellenar el tiempo en el que no estás, con cosas que me enseñen que la vida sin ti, tiene sentido, aunque a mi no me guste. Aunque esté gris y sin sabor.

Sólo nuestro pequeño duende me recuerda donde agarrarme. La música. Grecia. Detalles que se pierden sin la comisura de tus labios cerca.

Lo había imaginado con más drama. Más triste, más horrible, más peliculero. Quizás días coronados de noches llorando que me hicieran desesperarme aún más. Para mi sorpresa, he buscado un espacio donde conocerme y descubrir la vida, que parece seguir andando aunque tu y yo no estemos cerca. Que cosas, quien lo iba a decir…

Pero entre tanta independencia, tanta libertad, tanta autonomía, me he descubierto besando la pantalla de mi móvil cada vez que una videollamada me devolvía tu risa. Me he descubierto fantaseando con la idea de tenerte en mis brazos de nuevo y he sonreído al descubrir que las mariposas parecen haber vuelto al estómago. Sólo que esta vez no deben ser mariposas, hacen demasiado escándalo para serlo. Dinosauros, por lo menos. O algo más. He descubierto que, he coleccionado una serie de cosas que quiero compartir contigo, pero no quiero que la colección siga creciendo.

Me he descubierto, buscando cosas con las que impresionarte (y cuando se llevan diez años con una persona, esto puede ser todo un reto). Haciendo ejercicio para mejorarme y eliminar a la competencia (jajaja) y haciendo todas las cosas que jamás pensé que podía volver a hacer. Cómo pensar en casarme contigo, de nuevo.

Unas semanas que han dado demasiado de si, ahora cuento las horas. En papeles en blancos, a los que les cuento cuanto empieza a pesar que no estés y las muchas ganas que tengo de verte.

En papeles en blanco que llevan toda la vida acompañando mis soledades y que se olvidan de existir a veces, cuando no hay espacio entre las dos.

El camino a casa está servido. Y tu familia esperándote. Ya contamos las horas princesa. Ya está hecho.

Te amo.

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A diez minutos de mis 38…

Pasan los años y nunca fallas, la página en blanco que está siempre dispuesta, siempre pendiente. Ya me pasaba de pequeña, eras el caballo ganador de mi batalla y así sigues siendo cuando se trata de buscar quien soy.

Se van mis 37 años y los cuarenta están cerca, pero aunque dan un poco de respeto, esa edad tan seria que tenían los padres cuando éramos pequeños. Ya he vivido mucho más de lo que esperaba vivir. Mi vida, está repleta de bendiciones, por las que no tenerle miedo a los cuarenta.

Suena música clásica en los altavoces, un nocturno cualquiera de Chopin y mis manos escriben al ritmo de la música, pienso en la mágia y en lo que ha significado para mi reconocer mi propia tela de araña y la forma de colocarme en el centro de ella.

Y escribir. Eso quiero. Escribir. Hasta que me duelan las manos y hasta que no sepa crecer y ser de otra forma. Otra vez. Porque fue lo primero que me sacó del cascaron, que me enseño a enfrentarme al mundo. Que me definió.

Son las doce chicos, del 30 de Mayo de 2019, tengo 38 años y una vida maravillosa y por primera vez, entiendo que lo único que necesito para que todo siga estando bien, soy yo misma.

Por que sea el mejor de mis cumpleaños…

Freetours en Atenas

En mis casi 38 años he trabajado de muchas cosas… Algunas me han gustado menos que otras, pero siempre he intentado que el trabajo fuera al menos algo agradable de hacer. No he tenido mucha queja, con la excepción de un par de empresas siempre he tocado con buena gente…

Desde hace unos años trabajo como guía turística de FreeTours. Tanto por libre como ahora, desde hace unos días colaborando con una nueva empresa, que es un proyecto estupendo de la que os hablaré algún día…

Atenas es una ciudad que siendo una mezcla explosiva de pasado y presente puede impresionar al principio y no siempre en el mejor de los sentidos. La crisis, la marea de refugiados y algunos factores más han cambiado mucho la ciudad al menos en los diez años que la conozco. Pero sigue conservando la magia de ser una de las ciudades más antiguas del mundo, tan llena de vida y de historias como el primer día…

Cariátides

Las Cariátides

Con todo el carácter de la diosa de la que lleva su nombre, Atenas me ha dado más que cualquier otro lugar en los seis años que vivo aquí. Recibir a la gente que viene de fuera, hacer que pasen un buen rato y que se eviten pequeños problemas en sus vacaciones es sin duda para mi la mejor forma de responder a tanta felicidad.

En cada tour intento enseñar mi Atenas, no es sólo la parte histórica, ni la parte moderna, ni la pare folclórica, ni la pagana, ni la cristiana, es todo, en una explosión de diversidad y vida que sólo puede encontrarse entre estas calles, en estas tierras.

Y… aunque conlleva toda la responsabilidad que tiene un trabajo, al fin y al cabo alguien está poniendo en tus manos los días más importantes del año, los días donde tienen tiempo para descansar y disfrutar, no es un trabajo, ni lo será nunca porque es una pasión. Hablar de Grecia, de su historia, de sus dioses, pasar todo lo que he aprendido en estas calles, es… un regalo!

Me he encontrado desde gente mayor que me escribe regularmente a preguntarme como está mi niño y mi mujer, hasta personas que han recuperado mi número de teléfono de alguna de las páginas webs sólo porque se han enterado de algún desastre/terremoto/incendio en la zona y querían saber si estabamos bien. Muchachos jóvenes en su primer viaje y hasta una propuesta de matrimonio de una pareja adorable en la Acrópolis 🙂 un libro de experiencias que cada día suma y raramente resta.

Así que me siento absolutamente bendecida por los dioses, por la vida de poder salir cada día a la calles de mi ciudad a contarle al mundo porque hace seis años metí mi vida en seis maletas, y me vine a montar mi vida aquí.

No te pierdas darte una vuelta conmigo por la ciudad y cambiar para siempre la forma que tienes de ver la polis con más personalidad de Europa.

¿Dónde podéis encontrarme?

FreeTours en Atenas

Y aquí

Gastropragma Tours

(Aunque veáis la página en inglés, la mayoría de los tours los hago en castellano)

Y si no os apetece hacer un tour pero os pasáis por aquí, igual podéis llamarme 🙂

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Votar o no votar

Votar o no votar cuando cuando estás fuera de España

Llevo cinco años expatriada 🙂

Lo digo feliz. Sabéis que yo no me fuí de España ni por trabajo, ni por oportunidades, ni nada por el estilo. Fue una decisión tomada por otros motivos que resultó ser tan positiva y tan enriquecedora que no hay ni un mínimo de arrepentimiento.

Yo no creo que volvamos a España, al menos durante los próximos años.

Mis papeletas llegaron hace unos días, la Embajada Española abre hasta las seis. Voy a ir a echar la papeleta en la urna porque a mi peque le hace mucha ilusión verlo. Recuerdo perfectamente cuando fuí a votar por primera vez con mi abuela y la señora me dejó echar a mi el sobre dentro de la cajita de cristal. Que importante me sentí. Hoy en día no dejan que los críos hagan eso, pero quiero que Alex sea consciente de lo importante que es ejercer este derecho.

Y es que, aunque no vivamos en España, España será siempre el país donde nacimos. El de nuestros padres y el de nuestros abuelos. El que pelearon mis bisabuelos y sufrieron mis abuelos tras el enano saltarín. El de Lorca, el de Machado, el de Mariana Pineda. El de los Carnavales de Cádiz, el de la Alhambra, la Cibeles, el Escorial y las tardes de Retiro al lado del Angel Caído en Madrid. España es Alcalá de Henares y su Universidad y Granada y sus tapas. Es la paella de Valencia y el fuego de las Fallas ardiendo. Es la Facultad de Filología de mi mujer, y nuestro primer beso. España son todos los amigos que allí nos quedan, todas las despedidas que no se dieron y todas las bienvenidas que nos esperan. España siempre será el sitio al que volver, si las cosas salen mal. Porque aunque nunca sentí sentimientos “patrios” hacia donde nací, me reconozco entre sus calles y entre la gente a la que amo allí. Y por vosotros, por mis abuelos, por mis recuerdos y por tantas cosas que me ha dado, votar o no votar no es una decisión a tomar. Es una obligación.

Votar, es un derecho decía mi abuela. No dejes que te lo quiten pintándotelo de rebeldía, me decía mi abuela,  la republicana. Y que razón tenía la mujer.

Así que, a las faldas de la Acrópolis,  con mi hijo de la mano, ejerceremos un derecho que todos deberiamos tener. El de decidir quien nos gobierna. Vota, lo que quieras, pero hazlo. El mío ya va en camino 🙂

De magos, chisteras y conejos…

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Cuando era adolescente, leí por primera vez “El Mundo de Sofía”. Un libro apasionante, que enseña a una niña a crecer preguntándose por la existencia de uno mismo, y de todo lo que nos rodea.

Sin destripar la historia, diré que de todo el libro, hubo una parte que me encantó. El narrador describe el mundo como un conejo, metido dentro de una chistera. Un mago sostiene la chistera y saca el conejo hacia afuera. Los humanos habitualmente vivimos en los pelos del conejo. Pegados a la piel, calentitos por el mismo cuerpo del animal que nos da cobijo y abrigo. Algunos de esos humanos, escalan los pelos del conejo y deciden intentar ver que hay fuera del animal. La mayoría de las veces se encuentran con la chistera. Algo negro y vacío que no esconde mucho más. Con el tiempo, algunos humanos han aprendido a entender que hay algo más aparte de la chistera y el conejo. Una voluntad detrás, que de vez en cuando saca el conejo de la chistera. Para los humanos normales, eso es sin más una locura. Ya es dificil siquiera imaginarse uno en la punta de los pelillos del conejo blanco, con el vertigo de saberse a la interperie y en la nada misma como para arriesgarse a hacerlo cuando el conejo está expuesto a la voluntad de algo, dentro de otra estructura más grande que estamos muy lejos de comprender.

Para que salir, preguntan. Que vas a ganar con eso, continuan. Quédate aquí, espera a que la comida llegue sola a través de el mecanismo que siempre la ha traído y vive entre los humanos que hemos decidido quedarnos en un entorno seguro, repiten sin cesar una y otra vez.

Creo que ese fue el momento en que me convertí en mago, el momento justo en el que decidí que yo sería uno de esos locos que se asoman a los pelos del conejo y esperan a que el Mago mueva el animal y lo saque de la chistera, para contemplar el cosmos. Para arriesgarse a comprender lo que podamos de el.

Puedo presumir de tener una vida fuera de límites normales. Cualquiera que me conozca lo sabe. Mi viaje ha sido cuanto menos entretenido. Sin entrar en detalles, que no vienen al caso, creía que hace mucho tiempo, ya había visto que había fuera de la chistera, pero no era cierto.

Hay en mi vida alguien especialista en darme el empujón que me falta. Alguien que se encarga de recordarme cuando el Mago empieza con sus trucos de magia a sacar el animal del sombrero y a exponerlo al mundo. Este ser, que queda a veces tan cerca y tan lejos de ser humano, es especialista en romper antiguas estructuras, que de poco valen, para correr el velo de la ilusión y revelarte que se esconde detrás de la chistera o al menos darte las claves para que lo intentes.

Este ser, que decidió un día por arte de magia entrar en mi vida, tiene una cátedra en hacerme sentir una niña escalando a través del muro que limita mi mundo y hacerme ver nuevos horizontes donde mi voluntad se manifiesta como el punto más alto de la divino y como la mejor forma de caminar hacia las Estrellas.

Este ser, que además es parte de mi día a día, tiene la capacidad de hacerme creer con la misma fuerza que creí en mi adolescencia, que puedo mantenerme ahí fuera, hasta que el Mago de nuevo realice su truco de magia y pueda por fin asomarme al mundo.

Y así en un baile de máscaras, dividido en cinco y repleto de copas de vino, risas y ganas, sigo con mi viaje. Rompiendo muros, gracias a que el destino, el camino, nuestro karma o los dioses, lo cruzaron por mi vida.

Gracias, desde mi alma a la tuya, por ser quien me ha hecho de nuevo preguntarme donde estoy, quien es el conejo, donde estan los pelillos, que puedo hacer para escalarlos y porque no atreverme a volar sobre ellos. Gracias por incluso hacerme plantearme si es un conejo, o si existe la chistera y si me fio del mago o no. Gracias por devolverme la capacidad de cuestionarme y de usar lo que soy para responderme a mi misma y sobre todo gracias por recordarme que puedo confiar en esas respuestas.

🙂

(Probablemente NUNCA lea esto, porque no entiende nuestra lengua, pero no importa) :))

Hellas, le daré Hellas

Le daré Hellas…

Será lo que quiera ser, pero libre. Respetará a los Dioses, pero no les temerá. Tendrá miedo, pero también el valor de saltarlo y mirarlo a la cara de frente. Verá el mar tan azul como tu cielo y crecerá orgulloso del país en el que ha vivido, toda su vida.

Le daré Libertad, para que vea más allá de las fronteras y de las lineas de los mapas y entienda que el mundo es tan grande y tan llenos de milagros como el universo pero tan pequeño como corran sus pies.

Le daré Filosofía, para que nunca pare de aprender y de pensar y vaya más allá de lo que ven los ojos. Para que sus caminos nunca se acaben y su mente nunda deje de tener alas, la luz de la divina sofia guiará sus pasos.

Le daré Armonía, para que aprenda la magia del control y de los medios, y el sagrado baile de los opuestos que forman el cosmos y la vida misma.

Le daré Tierra, para que sepa que los ancestros que duermen en ella, dejaron por el pais que le regaló al mundo tantas cosas, su vida. Pero también para que aprenda que la Tierra siempre guarda, siempre recuerda y siempre multiplica.

Le daré tus mares y un barco para recorrerlos, para que llegue a cada uno de los sitios que Odiseo visito en su viaje y en cada uno de ellos, aprenda con el camino y que recuerde que siempre hay una Ithaca a la que regresar.

Le daré memoria, para que no olvide nunca los nombres reales de las cosas, y el poder de los que marcaron el sendero que nos empuja hacia lo alto de nosotros mismos.

Le daré voz. Para que llame a las cosas y las diga sin miedo, entre tus calles.

Le daré Historia y cambiaré tus ruinas por cimientos, tan fuertes que soporten cualquiera de las cargas.

Le daré Helade, le daré Hellas, para que en la Tierra de los Dioses baile con la luz bendita que refleja la roca sagrada, la danza eterna de los misterios, el canto dulce de las ondinas, que calladas pasean el Ilisos cada noche aún.

Le daré cada una de las cosas que tu nos das, para que cuando crezca pueda , podamos, puedas…

Tener futuro.

Χρονια Πολλά Πατρίδα μου! Καλή λευθεριά!

Levanto la cabeza

Hoy levanto la cabeza, en honor a todas ellas.

Por cada mujer que tapada camina tras un hombre en los países árabes. Levanto la cabeza, por cada niña que ve como su cabello dejará de estar al aire en cuando llegué la pubertad.

Levanto la cabeza, por cada vez que una de mis amigas, o yo misma, ha sentido ese miedo de saberse perseguida al volver de fiesta. Ese nudo en el estómago, ese fingir que alguien te está llamando al móvil para aparentar que no estás sola. Levanto la cabeza por todas, porque es una película de la que estoy segura hemos sido parte.

Levanto la cabeza, por las abuelas, que pelearon derechos, que se quedaron sin voto, porque un enano dictador se lo quitó y se lanzaron de nuevo a la calle, a gritar que ellas también tenían opinión y pelearon derechos como el divorcio, que hoy nos parecen tan normales y antes eran solo eutopías.

Levanto la cabeza por cada lesbiana o mujer transexual que ha tenido el valor de salir del armario y gritarlo a voces antes que yo. Levanto la cabeza porque fue vuestro valor el que nos abrio al resto el camino. Y hoy en día vivimos libertades que os pertenecen.

Levanto la cabeza por las madres que trabajan, dentro y fuera de casa. Y duermen pocas horas para poder disfrutar de sus hijos. Y no renuncian a su carrera, a pesar de los comentarios y de los consejos que nadie quiere.

Por las que no llegaron a casa, o por las que se fueron a manos de un desgraciado en las paredes de un hogar donde deberian haber encontrado seguridad y amor. Porque con vuestro nombre nos recordáis que no podemos dar ni un paso atrás.

Levanto la cabeza por las solteras, por las que tiran para adelante sin una estructura familiar que las ayude, por las que han decidido ser padre, madre y quizás abuela y hermanos, todo a la vez, bajo unas manos firmes que sujetan pero dan a la vez cuidado. Estas mujeres que se recargan con los abrazos y que aprenden a cosntruirse a si mismas.

Levanto la cabeza por las mamas, que ayudan a sus hijos, por las ABUELAS que se vuelven madres de nuevo a sus grises años y sin las que muchos no habríamos tenido ni la mitad de la vida que tenemos.

Levanto la cabeza por cada una de las mujeres escritoras, pintoras, músicas, que escondieron sus sueños por miedo a que las llamaran locas y por las que no pudieron esconderlos y los sacaron afuera y se convirtieron en unas locas exquisitas que nos regalan habitaciones propias donde escribir cuentos.

Por las mujeres del campo, brujas que saben trabajar la tierra y son capaces de decidir con el trigo a cuantos van a alimentar con la cosecha de este año. Y además luego son las que mezclando cuatro hierbas hacen la competencia a la mejor de las farmaceúticas y como pago, te piden un beso.

Por las anónimas mujeres de cada día. Esas que han construído la historia. Por las que pelearon en guerras o se quedaron en las ciudades levantando el telón de la vida, tras la muerte entre las dos grandes guerras.

Por mis amigas, mis hermanas. Las que conozco hace años y me han dado la familia que no tengo. Por las que han decidido ser mamás y por las que no, por las que aún ni siquiera piensan en boda. Por las jovenes y las mayores.

Por mi mama, por mi abuela, por mi mujer y su madre. Por cada una de los ladrillos hechos mujer que construyen mi vida.

Por cada una de vosotras, desde la primera hasta la última, gracias. Aullad tan fuerte que llegue al último rincón del planeta, al último machito que se niegue a oir. Las Diosas están tejiendo su telar y a nosotras, a nosotras nos toca ser su voz, sus manos y su magia ❤

GRACIAS

3 goles, ni más ni menos…

En 24 horas es el día de la mujer. En mi país natal se llama a la huelga femenina por vivir en el patriarcado. Quién me iba a decir a mi, que viviendo en mi amada Hellas a veces iba a echar tanto de menos a la vieja Iberia….

Pensar en algo así aquí es algo imposible y lo se porque mientras se me saltaban las lágrimas el año pasado viendo los videos de las manifestaciones en mi móvil, las mamás del colegio de Alexandros ponían a los Españoles de “que nos lo creemos todo” y de “que estabamos manipulados por el sistema”.

Manipulados dicen, Alex odia con todo su ser el fútbol, por desgracia el fútbol es la forma de relacionarse que tienen los críos de su edad aquí y es esa tontería, que parece minúscula pero que a la edad de 10 años no lo es, el centro de todos sus problemas en el recreo.

He hablado con la profesora, ha intentado jugar con niñas (Que por supuesto se niegan, porque fijate, es un chico y tiene que jugar con los chicos, no con ellas) e incluso ha intentado llevarse un libro, pero el que el problema se extiende a las clases de Educación Física donde los últimos minutos, niños juegan al fútbol, niñas a Voley y a mi chico lo eligen siempre el último en los equipos y si, da la casualidad que son impares, Alex siempre se queda sentado en el banco, porque la palabra integración se la debieron dejar fuera del diccionario o del currículum, quizás perdida entre las tres horas de religión semanales con las que cuenta el colegio.

En fin, que me enciendo. El punto es que, lo hemos aceptado. Es lo que hay y ya está. No tenemos para colegios privados, nos toca trabajar el doble, dar apoyo psicologico extra, ideas trucos, multiplicar actividades fuera del colegio y buscar grupos de padres-madres y otras formas de relacionarse y sobre todo, que el lavado de cerebro de niños futbol- niñas delicadas no llegue mucho a su cerebro.

Hoy salió del colegio eufórico. Saltando y con la mano derecha arriba, como si hubiera ganado algo. Le pregunté si había aprobado un test sorpresa o algo similar, me dijo que no. Con gritos de júbilo me ha anunciado que ha marcado tres goles en el partido de Educación Fisica y que automáticamente todos los niños, los mismos putos críos ( y perdón por la quemada) que llevan 1 año jodiéndolo porque no juega al futbol y es una “chica”, lo han felicitado y ha jugado con alguien en *Todos los recreos*. Lo conseguí mamá! Ya no soy una niña, ha dicho!

Estaba tan contento que no quise decirle nada en ese momento. Pero ese ya no soy una niña ha traído a mi cabeza a la manada, a la profesora muerta hace poco, al subnormal que intentó meterme mano cuando tenía 14 años en un parque, al africano que se metió en una cabina de teléfono una vez cuando hable con mi mejor amiga, a las niñas de Alcasser, a Marta, a tantas…..

Así que lo felicité, me contó su hazaña y como sus “amigos” le han abierto los brazos y le han preguntado como ha mejorado tanto de la noche a la mañana. Estaba feliz, claro que si. Superarse es bueno siempre, más aún a su edad. Mi pequeño, tres goles.

Y a las dos horas lo senté con un batido de chocolate y pusimos el tema sobre la mesa. Le expliqué que aunque tengamos que aceptar ciertas cosas no significan que sean correctas, y que quería confesarle un secreto de mayor, que tenía que saber. Le hablé de igualdad, de valores, de mujeres importantes que hacen deporte, levantan pesas o son astronautas. Que son escritoras, mecánicas o informáticas. Y que el género no limita. Nunca lo ha hecho y nunca lo hará.

El peque me dijo ¡Yo creo que eso en el fondo ya lo sabía, estoy segura que a mis mamás ningún chico les gana!

Y entonces he respirado tranquila. Parece que pese a todo no lo estamos haciendo tan mal, pero vamos a tener que seguir trabajando duro. Muy duro. Para que esos tres goles no se conviertan en agujeros en su futuro. Ni en el de nadie.

Cruce el arco recargado de flores de forma excesiva de la sala de conciertos del conservatorio,

Había discutido durante dos horas con Edgar la noche anterior, y lo último que me apetecía era verle la cara. Mucho menos pavonearse con su violín, como si fuera el mejor violinista de Londres ¡ que lo era! pero a mi no me apetecía ser parte de su show esa noche. Pero las muchachas sabían que era literalmente hincapaz de decirles que no, así que las seguí, sin preguntas tragándome el orgullo y me senté en aquella silla mullida, dándole gracias a los dioses de no tener mucho respaldo pues me hubiera quedado dormido en el acto.

Ir a conciertos era todo un procedimiento, que no se trataba de llegar y sentarse, había que dedicar una serie de saludos a todas las personaldiades que te encontrabas antes ¿podía ser posible que en aquella ciudad de locos nos conocieramos todos? Lo cierto es que la nobleza, no era tan extensa como creíamos, de no ser así hubiera sido imposible mantener cierto privilegios durante tanto tiempo. Ahora bien, a lo que voy, no me quiero enrredar en divagaciones. Las chicas tenían un balcón privado reservado, cortesía de Edgar por supuesto, con la mejor vista. Pronto llegaron los camareros a servirnos sin miradas directas, sin entrar en contacto. Los labios me sabían al champange que acababa de probar. Al menos Lucy estaba preciosa y radiante y su amiga también, las chicas disfrutarían mientras yo pensaba como seguir enfadado con Egdar. Miré el libreto, Paganini, por supuesto. Sonreí pensando en la Campanella. Ese cabrón me iba a echar de menos hoy.

Y salió de entre las sillas, imitando a Paganini, su gran ídolo y mordiendo el violín con lenguas de fuego que de nuevo solamente unos pocos veíamos. Me hizo sonreir solamente escucharlo, había que reconocerlo era bueno. Buenísimo. Las dos partes del show, la musical y la mistica. Las notas enrevesadas de Paganini cabalgaban el aire golpeandonos sin piedad. Cerré los ojos y me dejé llevar…

-Puede ser que hasta me perdones- escuché la voz de mi amigo a mi espalda.

Me reí. Este demonio había aprendido a colarse en mi mente incluso cuando tocaba el violín para 1000 personas.

-No es telepatía

Jane aplaudió en silencio mientras le hacía un espacio a su lado. Mientras Lucy me miró mirando al suelo. Si el violinista loco que había abajo no era Said ¿Quien era? Esa estupida manía de cubrirse con un velo para tocar era propia de mi amigo ¿de quien más?

La música siguió transformando a los presentes. Las notas que parecían no tener lógica alguna revelaban una armonía oculta que sin duda fue dictada por algún dios. Fuera quien fuera el violinista cubierto por el velo negro, que estaba tocando ahora mismo en el centro del Hall, sabía encantar a los presentes, su variación de la Campanella había dejado a la gente inmovil. Los agudos traían a su vez llamas que directamente impactaban en los cuerpos de las personas. Llamas que se traducían en suspiros femeninos y en puños cerrados masculinos preguntandose que era ese fuego que comenzaban a sentir en la parte de abajo de su vientre, y que parecía estar excitandolos. Las ultimas notas de la pieza y el arco deslizandose suavemente por el último la. Mientras el velo se caía y su cara quedó al descubierto.

Pensé en irme. Llevaba más de un año sin hablarle. Y hubiera preferido que hubiera sido Edgar y su chiquillada, una vez más, o mejor aún pensé en lo estupendo que estaría ahora en mi casa, preparando el concierto del viernes que viene, pero no, estaba ahí sentado, viendo a una muchedumbre bailar en torno a su gracia, aquel hombre me había hecho la vida imposible durante los dos últimos años. Sin entender a razones, sin escuchar las mías. Sentí como se me subía la sangre a la cabeza. Lucy me apretó la mano y me miró con cara de “lo siento”. Intenté sonreir pero no pude. Los pequeños trinos del violín me despertaron. Los Caprichos de Paganini empezaron a sonar, mi preferido. Su figura impotente me sobrecogió, no me había dado cuenta que desde arriba parecía incluso más alto. Se movía en armonía. Tenía los ojos cerrados. Y su pelo largo se agitaban con los movmientos de su cabeza. Una luz, huerfana lo iluminaba. La parte lenta de esta pieza se convirtió en una especie de caldero alquimico, donde mi admiración y mi enfado sumado a la mezcla de notas estaban resultando una combinación peligrosa. Mejor que nadie me hablara. Mejor que nadie me contara lo buena idea que había sido traerme engañado. Seguro que hasta la discusión estupida que había tenido con Edgar había sido parte de la farsa. Lo único que callaba mis pensamientos eran su violin. Dentro de mi una lucha, entre lo que escuchaba y lo que pensaba, entre lo que sentía y lo que quería sentir.

Cerré los ojos y le di un trago más al champagne. Sentí la mano de mi amigo en la espalda justo cuando empezaaron las notas altas del Capricho número 2. Me descubrí sonriendo. La música al fin y al cabo estaba haciendo en mi lo que siempre hacía. Conectarme al mundo. En la penumbra de la sala, mientras el violinista nos conquistaba de uno en uno enganchandonos sin remedio a las cuerdas de su violín, me atreví a mirar a mis compañeros de palco, mi mujer y mis mejores amigos. Mi vida. Lo que había comenzado como un error se había transformado en un bonito resultado. Me sobresaltaron los aplausos justo cuando decidi besar a Galena. A pesar de su mirada de desaprobación por hacerlo en público.

Cuado el Capricho numero 3 me atrapó, apareció ante mis ojos, el dia que aprendí a nadar siguiendo al que había sido uno de los modelos de mi familia a seguir. Recordé esa misma melodía que ahora pretendía derribar la armadura oxidada que llevaba mi alma, la recordé colándose por debajo de la puerta de mi cuarto en Atenas a despertarme un domingo por la mañana. Miré al violinista otra vez. A decir verdad era un espectaculo ver a toda una corte de seres envolviendolo ahora en una hoguera. Y de la hoguera salían pequeños hilos que se conectaban directamente a las personas. Hilos de fuego, que ayudaban a entender que estaba haciendo, tanto a los que ven como a los que no. Perdí la cuenta de cuantas partes de la pieza musical llevaba cuando me recordé un violín en mi hombro y unos pies vestidos con unos zapatos gigantes. Una mano en el pelo que me lo alborotaba orgulloso, cada vez que en Monastiraki alguien preguntaba si era yo. Recordé una puerta que se cerraba, alla en tierras lejanas, que significaba seguridad, orgullo, amor, Oikia. Ahora los lazos que trazaba el alquimista del fuego no eran lazos, más bien hebras, que empezaban a tejerse en una red de luz. Y el en el centro dueño del cosmos que el mismo había creado, en el nucleo de esa red nos alimentaba a todos, como también recibía de nosotros cada uno de los impulsos que su música estaba generando. Conocía a pocos Magos capaces de hacer aquello. Sonreí. Sin duda el era uno de los mejores magos que conocía. Y su violín me trajo al hombre del que me había olvidado. Los graves y agudos de las cuerdas, sobresaltaron mi pulso, mientras cerré los ojos abriendome por completo a la música. El nudo se soltó, la sangre se repartió y me entregue por completo al juego del mago. Donde en total control de los elementos nos enseñaba a todos quien era. El mejor mago de Londres, probablemente el mejor de Inglaterra y el dueño de la noche, sin duda alguna. Pena que de todos los que había allí, de tantas almas encadiladas mirandole tocar y recibiendo su encantamiento casi sin resistencia. Yo era el únbico que había conocido al hombre y el nombre que le pusieron sus padres.

Los aplausos me sobresaltaron de nuevo y nos levantamos a aplaudir. Mi padre, sonreía y miraba a nuestro balcón. Orgulloso de haber tocado una parte de mi, que no podía tocar ya de otra forma. Había demasiado entre nosotros como para volver a hablarnos en otro idioma que no fuera con notas musicales.

Música

He cogido una maravillosa rutina mañanera…

Cuando dejo a Alexander en el colegio y Galena se ha marchado al trabajo, antes de empezar mi día. Antes de estudios, casa, facturas, tours con turistas, pelearse con el casero o *todo lo demás* me hago un segundo café y simplemente me pongo a escuchar la música que más me gusta mientras me bebo el segundo café del día, cargado de buen rollo y ganas de hacer las cosas bien.

Es como otro sueño casi. Cuando era pequeña en mi casa era practicamente poner música alta. Cuando teníamos la oportunidad de hacerlo, oportunidad que se limitaba exclusivamente a los sábados por la mañana cuando limpiabamos, siempre mis hermanos mayores terminaban decidiendo que poner. Recuerdo que le cogí hasta manía a algunos cantantes que ahora me encantan solo porque eran sus preferidos y sonaban *cada sábado*

Así que ahora, luces abajo, y música alta, tan alta que no haya un rincón de mi casa (y probablemente de mi calle también) en el que no se oigan mis altavoces ^^

La música hace que me ponga de buen humor, una buena dosis de Queen, Bon Jovi, o U2 levantan a cualquiera. Es el momento de cantar, de levantarme a mover el pelo como una loca o de simplemente disfrutar de las notas que juntas suenan tan bien…

Después que comience el día, después que se caiga el cielo si quiere, esta media hora para mi es la que me recuerda las ganas que tengo de seguir cumpliendo sueños.

Larga vida a las Musas, porque si ellas alegran el corazón de los Inmortales Para nosotros, humildes mortales, la Música es la forma más directa de escuchar a los Dioses.

Larga vida a la Música.

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