Aster Heras

Diario de un sueño

Και του χρόνου! Feliz Ismeria!

Y llegó el Otoño. Las puertas del Hades se vuelven a abrir y la Kore emprende su camino de retorno. Los Misterios de Eleusis se encienden y los árboles se llenan de Granadas.  Si hace un año me lo hubieran contado no me lo hubiera creído. Ayer, celebré el festival de Ismeria en el Monte de las Musas en Atenas recitando con mi mujer Galena, el Himno a la Diosa Patrona de la Ciudad mi adorada Atenea.  

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Quedó M en buscarnos, a las cinco. Y nosotras ya estábamos casi listas pese a que perdimos mi túnica entre las maletas y no sabíamos que ponerle a Alex, mientras tanto íbamos repitiendo el himno una y otra vez, como un pensamiento interminable por todas las partes de la casa. Así Ella fue viniendo casi sin que nos diéramos cuenta para posarse en nosotras y en nuestras palabras. Por fin salimos! Y me resulta tan raro asistir a un ritual donde todo está listo que hasta es una experiencia nueva y distinta ¡tengo tantísimo que aprender!

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Separan desde casa hasta el sitio unos 4 kilómetros andando que hicimos a un paso suave pero seguido, haciendo varias paradas primero a coger flores para el altar, después a enseñarnos el templo de Artemis Agrotera, más tarde el de Zeus Olímpico. Cruzando por el Arco de Adriano, andando por la ciudad con la mirada del Partenon de fondo. Por el camino aparecen guiños de nuestros Dioses, los mismos que vamos a adorar a lo alto de uno de los montes sagrados de Atenas. Una estatua de Atenea nos mira seriamente desde una casa particular, una pequeña estatua de Asclepio en la consulta de un médico privado, etc… En Grecia están en cada esquina y pese a que en cada esquina también están los Ortodoxos con sus Iglesias redondas y excavadas en la tierra, la mirada de los Antiguos se posa sobre nosotros en cada paso. 

Alex sabe muy bien a donde va.  Se ha parado varias veces por el camino a coger sus propias flores para su adorado Apolo, le he dicho que vamos al Monte de las Musas y sabe que Apolo siempre está cerca. También le hemos contado que Demeter y Persefone vuelven a separarse y se ha preocupado seriamente por quedarse sin manzanas antes de salir de casa. De vez en cuando nos sujeta la mano, se deja llevar por la ciudad y alucina cuando ve el tranvía por en medio de la calle, igual que en Valencia y pese a que vamos un poco justos, nos paramos con el. Por las faldas de la Acrópolis, en mi mente se agolpan los recuerdos de hace cuatro años, cuando muerta de miedo, curiosidad, llena de ilusión y de ganas recorrí aquel mismo camino buscando la entrada del monumento, como han cambiado las cosas… de aquella ni siquiera sabía que el Helenismo seguía vivo. Y ahora, voy con mi mujer y con mi hijo a un precioso ritual. Por el camino los Ortodoxos se empeñan en que todos escuchemos sus cantos, así que dan la misa por megáfono. Le pregunto a M y me dice resignado que está por toda la ciudad “nosotros no tenemos que poner megáfonos para que nos escuchen los Dioses” es mi único pensamiento. 

Por fin llegamos al principio de las escaleras y compruebo con agrado que no me cuesta tanto subirlas. Nos paramos en la explanada a que la Atenas silente nos quite el habla otra vez.  La Acrópolis parece casi con movimiento, con la vida que desprende nadie diría que es un templo casi desmontado. No puedo evitar pensar como sería antaño y dibujo en mi mente las escaleras llenas de personas con ofrendas, inciensos y regalos para la Diosa y no de cámaras de fotografías y de móviles última generación. Gente que sabía el suelo que estaba pisando y el arco que atravesaba. Pero son otros tiempos y ahora nuestra fuerza es otra. Antes de continuar nuestro camino M comienza a saludar a gente. S una chica que ya había visto en el ritual de Marzo con una señora muy simpática nos saludan con mucha alegría. 

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Cuando llegamos al Templo de las Musas, ya está todo el mundo allí, no se cuanta gente puede haber pero no baja de los cincuenta. El pueblo de Atenas sube de nuevo las montañas para buscarlos. En seguida, saludamos y conocemos a T una buena amiga con la que llevamos hablando un tiempo. Saludamos a A y a todo el mundo. Que alegría volver a verlos. Y enseguida nos dicen que nos vistamos que vamos a empezar.  Todo el mundo se prepara para la procesión y antes Pandion habla durante un rato, explica la fiesta y lo que vamos a hacer y hace una mención a nosotras y me entran los nervios y el pánico escénico. He hecho miles de rituales en estos años y nunca me he sentido así, solo en el primer aniversario del Templo de Hekate donde parecía que un enjambre de abejas se había quedado a vivir en mi estómago. Dan la señal, comienza la música de una flauta perfectamente armónica y comenzamos a andar, de la mano de Alex el incienso no está muy lejos así que su aroma me trasporta a otro tiempo. Aprieto la mano de mi hijo y mi chica y me emociono. Hacemos este camino juntos. Quizás luego Alex quiera tener más opciones, quizás ni siquiera lo sienta así, pero de momento aquí está con nosotras.  M abre el ritual después de dar tres vueltas a un altar perfectamente decorado y lleno de amor hacia los Dioses. Su voz retumbando entre las rocas me llega muy dentro del alma. Enseguida K empieza a recitar el himno de Palas en griego y tras ella vamos nosotros. Me lo se de memoria, lo llevo preparado “Palas, Unigénita, Venerable hija del Grandioso Zeus, divina y bienaventurada Diosa, que promueves el estruendo del guerrrero, nombrable e imnombrable, celebérrima, cavernícola, que frencuentras las escarpadas cimas de las montañas….” solo me quedo en blanco una vez. Galena continua el himno y ahora disfruto, siento a Atenea aquí, con nosotros. No puedo evitar que salga una lágrima que afortunadamente nadie ve. Los himnos siguen y todos los Dioses son honrados. El himno de Perséfone altera algo dentro de mi ser, el de Demeter me envuelve… tras un rato M cierra el ritual y entonces todo el mundo se abraza. La comida vuela de un lado a otro y el vino hace la misma función. Viene a saludarnos una amiga que conocimos en Marzo y me da tal abrazo que me tira el vino encima, siempre pensé que daba buena suerte y ella me lo confirma. La noche cae sobre el Monte de las Musas y Alex comienza a cansarse, así que hoy no iremos a ningún sitio tras el rito. Otra vez será, que ya nos han contado que hay un sofá disponible donde Alex puede estar bien tapadito y omodo mientras nosotras aprendemos griego gracias al vino de Dionisos. 

De camino a casa, hablamos sobre muchas cosas. Llegamos a casa y como estaba previsto Alex se duerme enseguida. Nosotras hablamos largo y tendido y durante toda la noche sueño cosas preciosas con Grecia 🙂 Acompañamos en el tiempo a Demeter y su hija, celebramos a los Dioses y en el camino nos encontramos a nosotros mismos.

Khaire Demeter, Khaire Kore, Khaire Athina! 

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4 comentarios

  1. Anonymonk

    Enhorabuena pequeña :).

  2. Es precioso 😀 Transmites tanta…felicidad, tanto amor por los Dioses…Me emociona que tú y tu familia seáis tan felices.

    • Gracias guapa 🙂 que los Dioses te bendigan 😉

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