Aster Heras

Diario de un sueño

A las puertas del Acrópolis.

Aún no he subido del todo. La economía no me lo permite así que hemos decidido esperar al Lunes que viene que es fiesta nacional y es gratis. Pero por fin hemos llegado hasta donde las vallas nos han permitido
. El monte que sostiene la casa más grande de la Diosa Atenea en el mundo de los mortales es muy especial. El camino es una calle que siempre está llena de músicos y marionetas, puestos y gente paseando. De noche las farolas iluminan el suelo y solo el suelo pues Atenas no es una ciudad extremadamente iluminada. Desde la roca sagrada hasta el suelo hay un pequeño bosque lleno de olivos. Puedes optar por el camino “oficial” y pasear por la calle decorada de adoquines o puedes acercarte a la valla y caminar por la tierra. Como si hubiera un caminito que estuviera reservado para los ojos que no necesitan ver el mundo moderno y quieren algo más. La energía cambia absolutamente de uno a otro y tu mente hace también un cambio de chip diferente.  Entonces comprendes donde estás. Siempre se instala en mi el silencio e incluso cuando voy con gente me pasa. Es super normal que al pasar por ahi la gente me diga “¿Que te pasa?” pero no, no me pasa nada, solo me pasa que voy a un sitio sagrado y que intento mantener la armonía para llegar a Ella como creo que se debe llegar. 

Entonces comienzas a subir y  si no pagas puedes quedarte en un sitio donde se ve perfectamente los Propileos y el Templo de Atenea Nike. Hasta allí llegamos hace dos días Luis y yo. En una noche preciosa y con una temperatura ideal. Luis emocionado pues nunca había llegado tan arriba y yo contenta por volver, agradecida por poder.

Y entonces, de memoria las palabras salieron de mi boca de una en una. 

“Palas, Unigénita, Venerable hija del grandioso Zeus, divina y bienaventurada Diosa…”

Luis repetía y mi voz aunque sonaba firme temblaba. Mis pies sobre el suelo latían al compás de la Tierra que tanto amo. Y la sentí.  La sentí en el limite de la puerta, con su casco y su escudo, mirándonos. La sentí conforme y la sentí enfadada porque sus hijos tienen que quedarse detrás de una valla para rezar en la más honrada de sus casas. Con lágrimas en los ojos y el corazón lleno de su luz, volvimos a casa sabiendo que Ella nunca dejará de cuidar esta ciudad y a los que tenemos la suerte de vivir sobre su suelo. Entonces, llegó un chico haciendo deporte por el mismo camino que habíamos hecho nosotros. Se quedó parado enfrente de la puerta, casi en el mismo sitio donde estábamos nosotros y tras decir unas palabras con las manos en el corazón mirando hacia la los Propileos, inclinó su cabeza en señal de respeto y se fue. No, no eramos los únicos.

Salve Atenea, trae tu divina luz y haz de nuevo tuya esta ciudad.

Imagen

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: