Aster Heras

Diario de un sueño

Un día en Braurón, los Montes de la Cazadora….

Salimos más bien tarde que pronto con un poco de tristeza porque no vamos a llegar al Museo y aunque Luis, Tery y Aigli lo han visto, ni yo ni Galena lo hemos podido ver aún. Las calles de Atenas se transforman en avenidas y comenzamos a ver los Montes que rodean a la ciudad. Aigli nos explica sus nombres. Pentéli, Ymitou… todos nombres que ya conozco pero que hasta ahora carecían de significado. Aigli se ha encargado de rellenar el significado de esas palabras. Hablamos en inglés, en griego, en español y hasta el italiano hace su aparición de vez en cuando. Un pequeño coche transformado en una Torre de Babel unida por el amor hacia el espíritu clásico y los Dioses.  Juntos hemos hecho un buen equipo. Nos falta gente claro pero todos no podemos ir siempre a todos los sitios…

Aigli que nos iba guiando el viaje bromeando con ser una guía turística nos lo dijo pero  el aire ya se percibía de otra forma y alguien debía de haber pulsado el botón de lugar especial. Una localidad pequeña, nada que ver con la gran mole de Atenas que ya hemos dejado muy atrás. Y de repente, montañas, montañas y más montañas.

Cuando llegas a Brauron, Βραυρών para los helenos antiguos y Βραυρώνα (Vravrona) para los modernos te encuentras con un paisaje espectacular, rodeado de montañas y con mucha vegetación entiendes porque era un lugar consagrado a Artemis.

Primero fuimos al museo, que ya anunciaba lo que vendría después. Lo primero que sobrecoge el alma es un montón de estatuas de niños pequeños. Con rostros dulces, que portan en sus manos animales, dulces o juguetes. Parecen estar vivos, como si alguien simplemente les hubiera pedido que se estuvieran quietos y se hubieran quedado de piedra, pero son increíbles. No tuve tiempo de leer la leyenda del Museo, porque íbamos con muy poco tiempo pero siendo Artemis la Diosa Patrona de los Niños y siendo este un sitio donde las mujeres acudían a tener hijos y un sitio donde las chicas venían a aprender antes de casarse es normal que existan. El altar, del que se conservan muy pocas piezas aún vibra. Como siempre, hacemos lo propio y en una esquina para que no nos vean, Aigli saca su libreta mientras el resto nos unimos a ella en la intención de saludar a la hermana de Apolo con todos sus honores.

Hay cosas muy curiosas como un montón de botecitos de maquillaje iguales, juguetes de niños pequeños, estatuas de madera o un friso precioso de la Odisea. Pena no poder disfrutarlo más tiempo, pero la próxima vez será.

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Artemis Vravrona

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Hekate y Artemis

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Niños del museo

Cuando terminamos la visita fugaz al Museo, caminamos por los pequeños senderos que hoy seguramente recorren senderistas en busca de campo y naturaleza pero que eran los antiguos tránsitos de las sacerdotisas y de las mujeres que venían buscando el amparo y la luz de la Diosa.

Alex disfrutando del entorno natural

Alex disfrutando del entorno natural

Es un sitio mágico. Como está declarado parque natural contamos con la suerte de no tener una capilla o iglesia encima de cada monte y con la energía  latente, sin interrupciones monoteístas. Sobre su suelo duermen leyendas antiguas, como que Ifigenia fue sacrificada allí y que su tumba reposa en esa Tierra o que fue allí donde Orestes devolvió la estatua de Artemis que había robado.  He tenido una sensación similar muchas veces en Grecia, mi amada Tierra, la sensación de caminar sobre las historias que han construido mi vida. Ni siquiera hablo mucho y los que me conocen saben que eso si que es una Odisea para mi, pero es que las palabras sobran.

Precioso sitio

Precioso sitio

 

Alex y yo felices

Alex y yo felices

 

Las chicas sonrientes...

Las chicas sonrientes…

 

 

Como siempre, el Templo está destrozado y las columnas ya no sostienen un techo, solo piedras rotas. Ya me he habituado, es normal en Grecia. Pero las piedras hablan, eso ya lo sabemos todos y el suelo que las sostiene sigue siendo el mismo. Un suelo sagrado que guarda la casa de la Diosa. Aún así su belleza es impactante. Y es muy fácil para mi reconstruirlo en la mente y disfrutar en mi cabeza de lo que podía haber sido.

 

 

Stoa del Templo de Artemis en Braurón

Stoa del Templo de Artemis en Braurón

 

Vamos a hacer una libación a donde está el Templo y Alex la hace, en círculos, ayudado por Galena mientras yo recito con voz temblorosa el himno Homérico a Artemis. En mi cabeza la imagino corriendo entre la maleza mientras de mi boca salen de una a una las palabras que copié esta mañana en mi libro de himnos antes de salir. Me pregunto como se sentirá Alex cuando le diga que la primera libación que ha hecho en su vida ha sido en un Templo Sagrado a la Patrona de los Niños cuando el tenía 5 años. Me pregunto que ser vivirá dentro de ese cuerpo precioso y menudo y me siento muy afortunada de que me haya tocado a mi ser su mamá. Me emociono al terminar porque Ella y su energía se hacen manifiestas sin dar opción siquiera a preguntarse nada. Galena y Luis también lloran y entonces Aigli, medio seria, medio riéndose nos dice en un perfecto inglés: Welcome to Vravrona.

Luego fuimos a la playa, el primer sitio donde estuvimos fue un lugar donde el agua ha entrado en la Tierra, no muy profundo con pelícanos 😉 caminamos por la arena húmeda que nos dice que con marea alta eso está lleno de agua. Recogemos conchas marinas y palos para el ritual. Y paseamos, nos tomamos fotos y Tery y Luis juegan a pelearse. Todos nos reímos un buen rato cuando Tery salió a correr detrás de Luis y no lo conseguía alcanzar. Aigli desaparece y todos estamos seguros que se ha ido a Narnia. Al cabo de un rato aparece y nos sigue la broma. Es un momento muy divertido, donde aún con la emoción del Santuario, disfrutamos de un paisaje de película y de unas  risas entre amigos.

Alex y yo en la playa.

Alex y yo en la playa.

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Tras este ratito nos subimos en el coche y fuimos a ver el mar desde lo alto. Subimos montaña arriba y volvimos a parar. Entonces, la imagen corta la respiración. El aire desde arriba es mucho más apreciable y las olas se han empezado a encrespar. Como si Boreas o Zéfiros se hubieran despertado de golpe y estuvieran danzando con las olas. Algunas islas nos saludan y  Luis intenta averiguar su nombre. Grecia tiene 2000 islas y algunas son auténticos peñascos en medio del Egeo, creo que no hay nadie que se sepa el nombre de todas. Es más creo que, no todas tienen nombre. Tirando algunas fotos que mando corriendo a España, nos volvemos a subir en el coche otra vez.

Aigli y yo

Aigli y yo

Hermoso

Hermoso

La siguiente parada es una playa, en una zona un poco más edificada donde vemos salir la luna, que sale roja anunciando la energía que según Orfeas porta, la de Ares, el valiente Dios de la Guerra. Pero hay demasiado aire, poner un altar en esa orilla es inviable y seguramente el mar lo atraparía como su ofrenda media hora más tarde así que, nos vamos a otro sitio.

Finalmente las chicas nos llevan aun sitio que ya conocen, una pequeña calita con una montaña y puentes por encima del mar que está oscuro porque ya ha llegado la noche. Montamos un altar precioso y comienza el ritual. Hestia, Selene, Hekate, Artemis, en Español y en Griego. Todos mirando a la luna, mientras ella nos mira a nosotros. Y con el sonido del mar de fondo. Cuando termina el ritual, no puedo estar más feliz. Lleno mi vaso de vino y tras darle un sorbo cruzo donde está el puente para hacerle una libación a Poseidón y a todas las criaturas del Mar de una forma más personal. Me encuentro a Luis haciendo lo mismo y me hace mucha gracia. Me quedo un rato allí, voy y vengo, cojo cena y le pido a Alex que no se mate. Me quedo mirando a la luna desde el puente, mientras me fumo un cigarro y pienso que, hay algo en mi alma tranquilo, algo que ha encontrado su reposo y su calma, la sensación de estar donde tengo que estar. Cuando Aigli me pregunta como estoy solo puedo decirle eso: Me encuentro en mi sitio. Maldiciendo que mi mal inglés no me permite explicar lo que de verdad siento. No paro de pensar en Odiseo y en sus historias y cuando miro a la luna no puedo creer que exista algo tan hermoso como lo que estoy viendo. Entonces, viene Galena a decirme que se va al agua. Es Noviembre y hace un aire bastante fresco, unido a la humedad, pero el agua está buena. La veo desnudarse y entrar en el mar, su silueta vestida, como una sirena en la noche entra sin miedo y comienza a nadar. Por momentos la pierdo de vista pero se que está ahí, mirando a la luna y pensando en Afrodita. Leo para ella el himno a la Diosa del Amor e intento no preocuparme demasiado al perderla de vista. Cuando pasa un rato, sale, entre las olas. Sonrío, ella no es una Diosa pero apuesto a que Afrodita está orgullosa de tenerla entre sus devotas. Grabo esa imagen en mi mente.

El día termina en casa, hablando de Homero y leyendo la Odisea en griego antiguo mientras Aigli nos explica cosas de su significado. Hablamos de Esparta, de Templos y de lo fuerte que está Artemis en Vravrona. Y nos volvemos a emocionar cuando pensamos en tiempos antiguos y en ese lugar.

Hoy nos hemos levantado todos con Artemis en la cabeza y recordando el camino que la luna marcaba en el mar. Últimamente mis fines de semana se tornan mágicos y maravillosos y me siento dichosa, agradecida y plena de estar viviendo esto.

Lindo paseo

Seguiremos caminando…

P.D Espero no haberos aburrido mucho con la historia 😉

 

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