Aster Heras

Diario de un sueño

ΣΤΗΡΙΓΜΑ

ImageLos días pasan y la vida pasa. Nos adaptamos a ella sonriendo. Es un gran placer formar parte de esta gran maquinaria llamada Atenas. Los días se han camuflado de invierno pero a decir verdad el tiempo es agradable e invita a salir a pasear. Ya han pasado las Mikra Dionisias y ya hemos honrado al Dios como es debido. Ya han pasado los duendes de Dionisos por casa y nuestras primeras fiestas aquí. Ayer estuvimos en una fiesta de cumpleaños y casi no usamos el inglés. Paso a paso vamos consiguiendo lo que queremos. Lo que deseamos de corazón. 

Hemos estado en Esparta otra vez. El Taygeto me volvió a quitar el aire con sus cumbres elevadas y su pirámide. El valle del Evrotas me abrazo el alma. Aire viejo para respirar en este nuevo cuerpo. Siento como si pudiera empezar a vivir, como si alguien le hubiera dado al botón de a toda máquina y ahora no me apetece parar nunca. 

En el cumpleaños de ayer bailé Zorba, pero también la Macarena. Mi buena amiga Aigli me presentó como un alma griega. Entre palmas y embriagada por el vino de Dionisos me reí tanto que me dolían las mandíbulas. Allí estaban su mamá, su papá, que a sus 80 y tantos años bailaban como muchachos, su hermana y entre contados amigos nosotras 🙂 en una casa rodeada de altares, en el sagrado monte de Penteli. 

Hoy iba andando por la calle Akadimias para hacer unos trámites en Metaxourgio y fuimos andando. Al volver nos metimos en una librería con el cuadro de la Academia de Platón en una de las paredes, a modo mural, gigante. Después de buscar algunos libros y alucinar pensando que en breve podremos leer mitología y filosofía en griego directamente salimos. Enfrente de mi estaba la moderna Academia con las imponentes figuras sobre dos pedestales gigantes de Apollon y Atenea y las dos estatuas de Platón y Sócrates. El Likavitos y el cielo azul detrás, un hombre tocaba la gaita cerca de nosotros y fue entonces cuando de nuevo sucede. Esa chispa, esa voz invisible que me recuerda donde estoy y lo afortunada que estoy siendo. Luego más tarde el sol me da en la cara, me subo las mangas de los brazos porque hace calor pese a estar casi en Enero y Grecia me devuelve lo que nunca otro sitio pudo darme. Equilibro. Estabilidad. Balance. Paz. 

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