Aster Heras

Diario de un sueño

4 años, desde nuestros primeros pasos

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Qué dificil es a veces el camino si no tienes a nadie al lado en quien confiar. Alguien que vigile tu espalda cuando descansas, que te abrace cuando el resto del mundo no cree en ti o que ponga certeza a tus dudas cuando la fe que tienes en ti misma cae más rápido que una piedra tirada desde un 10º piso. 

Cuatro años, cuatro años en los que han pasado tantas cosas que parecen cuatro siglos. Cuatro años sin tiempo, sin limites. Cuatro años llenos de Magia, de Grecia y de Londres. Cuatro años dentro de una Galena, contando recuerdos que asientan un pasado necesario para sostener el presente que traerá el futuro. Cuatro años, enteros, con sus días y sus horas.

Aún recuerdo aquella niña que entró por mi casa. Con maleta pequeña y un abrigo super divertido y original que movía las manos sin cesar ( hoy se que sólo haces eso cuando estás nerviosa ), que hablaba de Londres como si fuera una puerta abierta que nunca se hubiera atrevido a cerrar (hoy se que la dejaste abierta para mi ), aquella niña que sostuvo mi Athame cuando se lo pasé y estuvo conmigo cuando mi hijo se puso con fiebre poniéndomelo como siempre dificil cuando de Hekate se trata. La misma que tuvo el valor de quererme sin que le importara el sexo, el estado, ni el físico y a la que incluso le gustaba. Como olvidarme de tus ojos y de tu voz cuando nos volvimos a ver, como olvidar aquellos días donde aprendimos a estar juntas y comprendimos que nunca sería fácil pero que sería nuestro, nuestra historia, nuestro comienzo, nuestra recompensa. Nunca una reserva de Ryanair dió para tanto y nunca un regreso se pospuso tanto como aquel, que del 19 de Marzo pasó al 21 y del 21 al 27 y con dos meses más ya nunca te fuiste y decidimos no volver a separarnos. ¿Te acuerdas cariño, de las carreras de cunas? ¿De maquillarnos juntas en el baño? ¿O de aquel primer paseo con Alex en los Jardines de Madrid donde descubrimos que los Angeles estan cantando “Dos hombres y un mismo destino”? Y si nos ponemos más serias, recuerdo la mañana que se nos rompió la copa del Altar, que trauma, que se nos ha roto la copa del Altar de Hekate y ¿ahora que hacemos? Anda dame un abrazo y luego ya lo pensamos. Me acuerdo de las tiradas gafadas y de aquel tres de espadas que nos hizo reir por horas. De Londres y de los caballos de metal que saben relinchar más que cualquier caballo real. De fuentes rodeadas de flores y de la última vez que vimos el zapato de Priscila. De verte sonreír al ver el Tamesis y pensar que el que debía sonreir es el Tamesis por verte a ti y no al revés, que se habrá creído, no todos los días Galena se asoma a un río! Que desvergonzado! Hoy en día las cosas han cambiado…

Esa niña es hoy la misma que convertida en una persona muy distinta pasea conmigo de la mano por las calles de Atenas, que viene conmigo a Sparta e invoca a Afrodita Areíca con tanta fuerza que tiemblan las murallas de la antigua ciudad y el Taygetos vibra con su voz. La misma que lucha cada mes conmigo por encontrar tiempo para nosotras entre tanta vida espiritual y mágica y tantas obligaciones. Mi compañera, que me sostiene la mano cuando el avión comienza con sus turbulencias y me siento un bebe  a punto de perder el suelo y que repite conmigo los Himnos Orficos una y otra vez hasta que quedan grabados en nuestro corazón. Mi mujer que coge las riendas de su vida y le planta cara a sus problemas con más fuerza que un millón de cañones sonando a la vez. Que tiene buen corazón y siempre escucha aunque a veces le cueste callar su propia voz. Que llora sin miedo y reclama su derecho a llorar. Que aprende de sus miedos y pelea sus batallas. La misma que hoy se pelea conmigo con los artículos de nuestra tercera lengua. La única que sabe que se puede tocar el piano en un teclado de portatil y que me acompaña cuando toco la mejor de mis melodías, escribir. 

La misma, mi serpiente roja, mi vida, mi princesa, mi reina. La mujer de mis vidas. La única capaz de mandarme al infierno de una patada y hacerme tocar las nubes con una sola de sus sonrisas. Soberana de mi cama y de mis noches, tinta para escribir y folio para vaciarme en ella en ese camino eterno que ambas compartimos, las letras.

Cuatro años, cuatro que parecen vidas, cuatro que intentan medir un amor que es Eterno y más antiguo que las Estrellas.

 

Σ ‘αγαπώ Galena

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