Aster Heras

Diario de un sueño

Epitafio.

Suenan las campanas, todo el día del viernes santo. Todo el día. Como un absurdo reloj. Las personas estan locas comprando las últimas cosas antes de que lleguen los días señalados. Llevo toda la semana escuchando y sintiendo mi Grecia de una forma diferente. De una forma que me he negado a aceptar todos estos años pero que ahora me da en la cara, de repente. La realidad es que vivo en un país ortodoxo, lleno de personas que decidieron olvidar a los Dioses de sus antepasados y adorar a el extranjero invasor que se apoderó del territorio mediante el usurpamiento de templos, lugares sagrados, historias y mitos. 

Nada más lejos de la realidad, el miercoles santo nosotros celebramos la Adonia. La Historia para quien no la recuerde habla del amante de la Diosa Afrodita, del amor más bien de la Diosa Afrodita, que tras morir, resucita ¿familiar, verdad? Cuando fuí a comprar las velas para celebrar con el Adonis la luz de su llegada el resto compraban las velas para acompañar a Cristo en su muerte. Me avisaron mis amigos, pero me pilló de sorpresa ver la cantidad de gente joven que va a la Iglesia. Algo en mi mente me quería hacer creer que sería igual que en España y que no sería para tanto pero SI, lo es.  Desde Souvlakis desiertos porque nadie come carne hasta vecinas que te piden por favor que bajes la música porque hay que respetar la muerte de este señor. Por no hablar de las campanas. Que fueron mi despertador y no dejaron de sonar en todo el día. 

Alex y yo tuvimos una tarde entretenida. Vimos una película de Esparta y salimos un ratito. Cuando las oleadas de Zombies con velas en la mano decidieron salir a la calle, nos recogimos. Galena me llamó diciendome que salía antes del trabajo, justo antes de que Luis se fuera a tomar algo fuera, recuerdo que Tery me había dicho en su última llamada que las procesiones empezaban a las 9. Me puse a pensar en la escena. Imaginé la gente con su vela encendida y sus lágrimas en los ojos, imaginé la zona donde los templos y volví a sentir la misma sensación de siempre ¿por qué? ¿por qué un pueblo olvida sus raíces, su religión, sus dioses para adorar una iglesia corrupta llena de vicio y perversión? El cristianismo se presentó desde el principio como una religión fácil donde no había que pensar, sólo adorar al Dios único y verdadero. No importa lo que hagas, ni cómo lo hagas si te arrepientes, tienes el cielo. El Helenismo daba y da la libertad para pensar y decidir respetando la firme voluntad del ser humano y sabiendo que si te equivocas es algo de lo que debes hacerte responsable. Nuestros Dioses, los Dioses del Pueblo que se preparaban para el Epitafio nunca necesitaron rodillas hincadas en el suelo, sólo corazones puros y virtuosos. ¿Como demonios la civilización que había dado madre a la Filosofía, a la Mitología y a casi todas las *gías que conocemos se había rendido a eso? Una amiga mía, no helenista me dijo, puedes salir fuera y verlo, es tu primera vez aqui, quizás te resulte diferente, pero no, no iba a caer en el error de hacerlo. Me quedé en casa, cogí mi libro de himnos órficos y salí al balcón con el mejor incienso que había en casa y con una botella de vino. Luis venía conmigo. Encendimos las libaciones y leímos el himno de Museo, a todos los Dioses… a todos, menos a ti usurpador. Cuando empecé las campanas se oían más fuertes. Campanas de muerte. Campanas de muerto. Se me cogió un nudo en la garganta, pero terminé dando las gracias, por una vez más ver otro lado de la moneda y ser bendecida con estar viviendo una Grecia que ni los mismos griegos conocen. Sonreí, no necesito ningún papel que diga de que está hecha mi alma y mi alma pertenece a este suelo que aunque pervertido por los amigos del carpintero, sigue siendo el mismo por donde paseaban los Dioses y los Heroes, el mismo suelo que vió nacer las leyendas en las que se sostiene la humanidad. Que una panda de traidores lleve 2000 años en el no significa nada. La Torre caerá y con ella las cosas se pondran en su sitio, mientras tanto seguiremos reunidos alrededor de Hestia y bajo la luz de Apolo repitiendo sin miedo las palabras con las que nuestros Ancestros llamaban a los Dioses.

Danae.

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