Aster Heras

Diario de un sueño

El sueño de una niña en la Escuela

El director de la Escuela me daba Sociales. Yo no tenía más de 11 o 12 años, cerraba los ojos y nos contaba las historias de los Persas y los Griegos. De como defendieron la libertad de su pueblo y de como salieron a luchar por sus familias, sin miedo. Aquellos hombres, habían vencido el miedo a la muerte y con ello cualquier miedo, asi que luchaban como nadie y hasta el final.

El camino de Atenas a Maratón está marcado con una linea azul. El color de los juegos Olímpicos y el color de Atenea. Es solo una linea azul, que usan los corredores para no perderse. Un camino lleno de montañas y de altos y bajos que aquel hombre Filipides, según cuenta la leyenda, recorrió con todas sus fuerzas para llegar y sólo decir “Ganamos”.

Ayer fuí yo quien recorrió ese camino, esa linea azul. En coche y con música en los altavoces del Clio de mi amiga Aigli, nuestra trayectoria pasó por unas horas en una charla sobre el Partenón y sus marmoles, en un colegio de Nea Makri donde mi hijo jugó en el patio a ser un guerrero espartano y después tras ir a la playa y a casa de los padres de mi amiga a comer, fuimos a la tumba. Pocos kilometros separan Nea Makri de Marathon, creo que no llega ni a cinco. La linea azul y unos pequeños carteles nos van guíando aunque mi amiga que ha crecido allí sabe el camino de memoria. A mi se me acelera el corazón otra vez y siento que vivo algo no real. Finalmente llegamos. La puertá cerrada pero desde fuera se ve claramente todo. Un campo de Olivos cerca del Mar y una pequeña montaña que guarda el cuerpo de los Atenienses que dieron su vida por defender su libertad. Abro los ojos, voy sin cámara pero eso a estas alturas ya no me importa, se que volveré a Maraton y ya no tiro fotos, cual turista de las cosas. Saboreo el momento. Aigli me da una botella de vino y comienzo a decir el himno de Atenea con Alex, y en solo un segundo los pajaros nos acompañan y la escena cambia completamente. La presencia de la Diosa se hace fuerte y con ella los heroes. Guardabamos un poco de vino para ellos y Aigli en perfecto griego, fué incapaz de decir nada para mi en otro idioma, les desea honor y honra, les pide que nos acompañen en nuestros días y nos den fuerzas para seguir luchando por lo mismo que luchaban ellos. Terminamos y cojo olivo, laurel y ciprés de los alrededores. Por el camino, me recuerdo en clase, con la mano levantada y mi profesor diciendome “Danae, recuerdanos como fué este periodo de la historia” me sonrío dentro de mi, dándole otra satisfacción a esa niña que perdió tantas batallas de pequeña pero que las está ganando ahora. Siento que todo esto ya forma parte de mi historia y tras una conversación larga con mis amigos en Griego y colocando las ramas de olivo en mi altar, vuelvo a dar gracias por todo. Muy pocas personas se atreven a realizar sus sueños y muy pocas son capaces de verlos cuando lo consiguen. Yo estoy en el primer grupo, no en el segundo.

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