Aster Heras

Diario de un sueño

A duo…

Que Brahms tenía esa cualidad para volverme loco, lo sabías, casi como una locura se producía en mi cuando comenzaba a sonar los primeros acordes de cualquier pieza del músico. Daba igual que fuera una sonata o un concierto, no importaba. Llevabamos meses preparándonos para aquel concierto que dabamos con más gente, nosotros sólo esa pieza. La sala de conciertos más famosa de Londres estaba llena, a rebosar. Podíamos escucharlo desde dentro. Los otros músicos estaban nerviosos y tu y yo fumabamos tranquilamente en una esquina. Hablando en clave, como siempre, para no enseñar lo que realmente había dentro de nosotros. Te miré detalladamente mientras ponías a tono a tu compañero, el violín que te había regalado mi padre unos años atrás y que había estado en mi casa desde que nací. No tenías ni idea como agradecí aquel día que pasaste por mi casa, por primera vez y me dijiste que eras músico. No músico como los demás, por obligación, porque era lo correcto o porque para ser un caballero en el Londres en el que vivíamos debías saber de música. Tu tratabas ese violín como yo trataba a mi piano, como una parte de mi. Te envidié. Siempre envidiaba esos momentos que podías pasar con esa extensión de ti, llamada violín, antes de los conciertos. A un pianista se nos niega siempre esa intimidad, no podemos traer nuestro piano a cada lado donde vamos….

El caso, es que aquella levita se sentaba de maravilla, te habías pasado tres semanas yendo al sastre para que estuviera perfecta, vaya que si lo estaba. Le di una calada a mi cigarro y cuando se terminó cogí tu pipa. La habías dejado a medias…

-James… ven conmigo a la sala de atrás, por favor. Soy incapaz de prepararme aquí.

-Said, llevas meses preparándote.

-Llevo meses preparándome, llevo meses preparándome… nunca es suficiente-me miraste con esa cara de diablo que tienes a veces- para ser perfecto.

-Vamos entonces….

Fuimos a una sala trasera, donde no había nadie. Dejaste el violín a un lado y pensé que simplemente estabas loco. Entonces sacaste del bolsillo una botellita metálica pequeña con whisky escocés.

-Estás loco.Definitamente.

-Podría reponderte a esa pregunta con algo que te volvería más rojo que un tomate, pero no lo haré.

-Anda dame un trago.

-¿El señor responsable va a cometer ese pecado? ¿Beber alcohol antes de un concierto?

-Si y además te daré un puñetazo antes de la actuación si sigues vacilándome asi…. -estallé a reir- Said, dame el maldito el maldito whisky.

Te acercaste y pusiste tu cara a no más de 10 centímetros de mi. Después de tus ojos recuerdo la botella metálica balanceandose. En un acto reflejo te la quité y tu, gracias a todos los Dioses reculaste, echándote unos pasos hacia atrás y dándome una palmadita en la cara, fingiendo ser una bofetada.

Bebí un trago, pensando en lo jodidamente loco que estabas.

Entonces, uno de los mozos vino a avisarnos que quedaba aproximadamente cinco minutos para nuestra actuación. Nos empezamos a reír a carcajadas mientras el pobre muchacho nos miraba con cara de idiota. Nos terminamos la botella de dos tragos y nos centramos. Tres respiraciones, Un par de palmadas… casi parecía que estabamos en el Templo y que ibamos a hacer magia ¿Qué era la música si no para nosotros? Se escucharon los aplausos y echándonos una última mirada complice salimos al escenario. La sala estaba a rebosar. Nuestras chicas en primera fila, como dos luceros dándole sentido a aquello. Me senté en el piano, esperándote. Tu comenzabas….

Y entonces, surgió de entre tus manos una melodía perfecta como siempre. La maestría de tus dedos en el mastil del violín hacía que existiera, cerré los ojos y comencé a tocar, acompañándote…

https://www.youtube.com/watch?v=7a7027n6Duw

El público en silencio parecía no existir, me había perdido en la música, en la partitura y como siempre rendidos a su esencia habíamos dejado de ser Said y James para ser los vehículos para que aquello pasara. Nunca me sentí tan cerca de ti como cuando estabamos frente a frente, Tu con tu violín, aque yo llamaba cariñosamente demonio, haciendo referencia a los demones que nos acercaban a los Dioses en la antiguedad y yo con mi maestro, con mi piano. Jamás hubo dos amigos que supieran como crear una sola mente en un acto sólo.

Entonces abrí los ojos, solo yo y algunos privilegiados del público podía ver lo que estaba viendo… de tus manos salían brotes de energía en forma de rayo, de todas las tonalidades del fuego posibles y de las mias caía energía al suelo que nos rodeaba a ambos, de colores marrones, negros, grises, ambas se entrelazaban en un tejido sagrado que los dos estabamos creando sin planear, la tierra que sostenía al fuego, el fuego que daba poder a la tierra, una furia volcánica qu estallaba para todos los presentes y que muy pocos comprendían, algo que sólo se creaba para quien está más allá de los velos mortales… algo que nos pertenecería para siempre y que jamás se iría de nosotros, pasara lo que pasara. En ese momento, mientras mis notas acompañaban a las tuyas y en nuestras almas había un solo corazón, supe que serías mi amigo siempre. Y que daba igual las veces que nacieramos, que murieramos o que nos olvidaramos la música del violín siempre traería a mi ser la esencia del Phoenix que nos unió la primera vez.  Said Igneus. Mi hermano.

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