Aster Heras

Diario de un sueño

Sábado

Me he levantado hace un rato, Muse suena en mil altavoces, es sábado. Tengo los planes típicos de un sábado. Hoy arreglar la casa y comprar, salir un rato a los templos por la noche y cocinar ofrendas. Mañana ritual, el Solsticio, Alex recibirá sus regalos de Solsticio, porque Dionisos estará aquí una vez más. Hay que hacer ofrendas, mañana es un ritual muy importante porque además del Solsticio, celebramos las Poseidonas y tras un año de absoluta catarsis vuelvo a estar lista para dar lo mejor de mi, de nuevo.

Llevo días reflexionando sobre “guardar silencio”. Es algo que me cuesta, no por nada, soy Geminis. Y sólo quien es Geminis o vive con un Geminis sabe lo difícil que es para los Gemelos callarse. Al fin y al cabo hablamos y pensamos por dos. Siempre me ha costado trabajo callarme ante las injusticias, ante los critiqueos baratos y ante la conversación inútil. Además tengo la estúpida manía de ser abogada del diablo, que le vamos a hacer. No puedo evitarlo. Hace unos días en meditación,  tratando de preparar el nuevo año civil, cerrando una etapa y mirando que he conseguido este año, decidí que por una vez, voy a permitirme el hecho de no participar en conversaciones vacías. Va a ser un año para adentro. Un año de cuidar mi energía y mimarla como lo que es, un regalo divino. Desgraciadamente españoles y griegos nos parecemos demasiado en algunas cosas y tanto allí, como aquí es cada vez más normal perder el tiempo decidiendo que hace mal el de enfrente y no mirarnos el propio ombligo. Y en ambos sitios perdemos tantísimo tiempo, con la de cosas que tenemos que hacer… Y con la de gente que generalmente el paganismo tiene en contra, nos dedicamos a tirarnos piedras los unos a los otros. Y ya me cansé de gastar mis ganas escuchando o participando de cosas que no me aportan nada, que no son útiles o que ni siquiera son verdad en la mayoría de los casos.

Así que saber “callar” va a ser mi máxima. Saber callar, para aprender a vivir centrándose en lo importante, conservando los regalos que me ha dado la vida como tesoros secretos, propios de un camino que nadie más va a entender, porque es el mío y no el de nadie más. Aprender a callar, porque poder compartido es poder dividido y hay cosas más importantes en las que aplicar este esfuerzo como la Vida.

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