Aster Heras

Diario de un sueño

Vivir

Despertarse por la mañana temprano y encontrarte a menos de 2 cm de mi cara y ver como el sol, dibuja rayas y extrañas figuras en las paredes de nuestra habitación. Ir a la cocina y encontrarme a Aigli haciendo café, con un Kalimera y una sonrisa. Aquí los amigos se aprenden como te gusta el café y te lo hacen así siempre. Yo creo que es una forma de diferenciar a los amigos, si alguien sabe como te gusta el café, entonces es tu amigo 🙂 no lo dudes! Comer por quinta vez torta de la suerte, que si por cada vez que he comido torta, es verdad que la suerte viene, ya debo ser la más afortunada de toda Grecia. Asomarme por la ventana y ver que aunque parecía que iba a nevar, el cielo azul ha decidido volver a Atenas y aunque las temperaturas son bajas hace un día estupendo. Tener tantos planes que no caben en la agenda, karaoke hoy, reunión con Labrys mañana, Plaka el lunes, el Martes viaje a Licossura y el Miercoles ritual! Limpiar mi casa contenta, aprendiendo que las cosas materiales tienen el valor que queramos darle y entendiendo que ya no necesito llenar mi vida de ellas, pues mi vida está llena de cosas que no pesan, que no ocupan lugar en las estanterías, pero que me llevaré a donde quiera sin dejar que acumulen polvo. Pensar en que cocinar, teniendo en cuenta que aquí hasta Alex está comiendo verdura sin problemas y que cada plato tiene mil sabores distintos, descubrir de nuevo antiguas Diosas que reaparecen en mi vida, escribir mi novela, trabajar con los turistas en la Acrópolis, en la ciudad, enseñando la que primero fue la ciudad de la gente que admiro, segundo mi destino favorito de turista y tercero la ciudad que ha conquistado mi corazón,y la ciudad de la que espero no moverme nunca. Mi perfecto caos, lleno de esquinas que guardan voces con más de 2500 años. La ciudad de la Diosa Atenea. Trabajar enseñándola y sorprenderme de que la gente me pague por ello. Pues por primera vez, el trabajo no es trabajo sino placer. Enseñar a Alex, y aprender yo misma con ello. Avanzar poco a poco en los libros, descubriendo todo un mundo juntos. Dar clases en el parque cuando hace sol o en nuestra terraza, bajarnos al museo para enseñarle cosas que otros solo leen los libros. Hablar con Aigli hasta las tantas, para luego levantarme a las 7 y lejos de dormir, hacerme un café mientras saludo al sol. La nieve, tener la playa a menos de 20 minutos en coche, el Partenón, los templos, el museo a 10 min desde mi casa. No necesitar a nada ni nadie para llegar a los Dioses, no esperar nada de nadie encontrando la forma de no defraudarme a mi misma, saber cerrar puertas que tienen que cerrarse, reconocerse en los errores del pasado y aceptarlos y mejorarlos hasta hacerlos casi desaparecer, mi vida, la que vivo cada día, la vida a la que he llegado tras caminar mucho y pagar un precio muy alto en algunos casos. Ni mejor ni peor, la mía.

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