Aster Heras

Diario de un sueño

Gotitas de vida

Llevamos unas tres semanas con temperaturas de primavera, que hacen que el alma pese un poquito menos y nos apetecezca vivir un poquito más. Cuando el termómetro tiene un 2 delante, nos atrevemos a asomarnos a la vida de otra forma. No obstante me he hecho un esguince, llevo arrastrándolo dos años sin curarlo bien y esta vez le he prometido a Stelios y a Galena que me quedaré sentada y con la pierna en alto hasta que deje de dolerme.

Durante los últimos días siento una extraña cercanía con Granada y con mi familia materna, al punto que estoy recordando cosas que ya había olvidado. Granada y Atenas se parecen mucho, con la diferencia que una es increíblemente más grande que la otra y está más destrozada. Granada es para mi la niña bonita de España, con sus calles llenas de historia y su “acrópolis” árabe reinando sobre el territorio. Dicen que tiene magia y yo doy fe de que es cierto. Es una tierra de catarsis con un pasado pre-arabe casi desconocido y con una colección de artistas que han nacido, paseado, creado y escrito entre sus calles. Es una tierra de fuego, pero también de agua, cuando los árabes se enamoraron de ella y construyeron la Alhambra, la hicieron eterna para siempre. Estuve allí, por última vez hace dos años y medio, antes de venirme a Grecia a vivir. Reconciliarme con ella era esencial para dar el salto más grande de mi vida. Y en la distancia, a veces desearía que estuviera más cerca. No me considero muy española, pero soy tremendamente Granaína. Hablame de España y no se alterará ni un músculo de mi cuerpo, háblame de Granada y verás como mi pecho sale hacia afuera de la misma forma que lo hace cuando me hablan de Grecia. Me siento entre curiosa y divertida esperando a ver que viene de esta nueva sensación… Por lo demás, tener el recuerdo de mi madre tan presente de nuevo es un regalo divino, que se que viene de Demeter, porque pasó justo después de llamar a su hija en la fiesta de las Anthesterias….

Y entre el buen tiempo y los recuerdos Alex crece sano y abierto a miles experiencias ya que es raro el mes que no vamos a la playa, al monte o a un sitio/museo/taller nuevo. Mi pequeño ama esta tierra como su país, y es que pensándolo bien, de los siete años que tiene dos años y medio los ha pasado aquí. Eso es casi la mitad de la vida y sin duda gran parte de sus recuerdos.

Han pasado muchas cosas en estos dos meses que va de año. He sufrido algo parecido a un juicio público donde mucha gente que quería se ha quedado en el camino. Esto hace algunos años era un trauma, haber cerrado la puerta más grande de mi vida me ha ayudado a aprender a dar portazos muy rápido y sin remordimientos. Si alguien quiere salir de mi vida está en pleno derecho de hacerlo y hace ya tiempo que decidí no malgastar mi tiempo con la gente que no quiera compartir conmigo mis días. Por esto mismo el trauma no ha sido muy gordo, de hecho me siento casi mejor que cuando terminaba 2015. Y aún queda un año fabuloso por delante, un año que no se escapará sin que pise y duerma en la isla de Creta.

Y eso es más o menos todo, una pequeña actualización para que sepáis porque aguas remamos y que estamos bien. Ta leme!

 

 

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