Aster Heras

Diario de un sueño

Epidauro, mi crónica :-)

Hoy ha sido un día de visitar otro pedazo de cualquier libro de Historia del Instituto. Uno de esos lugares que imaginas cuando tu profesor de Historia. Esto no va a ser un artículo propio del sitio, eso lo haré para el blog de Panolympia con algo más de información técnica acerca del culto y de la forma en la que nuestros ancestros disfrutaban de las bendiciones de los Dioses. Esto es más bien, una lluvia de impresiones, para compartir con quienes me leéis y seguís mi viaje, un sitio que cuando se sale del libro se vuelve camino de Dioses.

Epidauro está en la Argólida. Si, esa de la que Homero nos hablaba en la Iliada. Es tan fácil dejar volar la imaginación y llenar de trirremes los saludos que el mar te hace en cada curva de cada montaña… Un inmenso bosque rodea la carretera y nada más. Queda muy atrás el caos ateniense en el que vivimos cada día, lejos de la capital, Grecia está prácticamente vacía. Pueblos pequeños,  casas sueltas, nada de grandes ciudades.

Y como he dicho, con el mar saludándonos en cada curva llegamos a Epidauro. Que es un recinto enorme, gigante y lleno de naturaleza. Siendo entre semana los autobuses de escolares salpican la estampa. Han tomado el relevo de los turistas, que estarían en los calurosos meses de verano y se agradece, ver un templo nuevo con una horda de japoneses tirando fotos haciéndose selfies no es un plato de buen gusto para nadie.

Y todo en Epidauro es especial, empezando por el Museo, que es pequeñito y nada moderno, solo un par de habitaciones sin mucha luz que guardan cosas increíbles. Desde material médico, pequeños bisturís, pinzas, etc… que aunque carcomidos por el óxido siguen abriéndonos la boca al verlos hasta una estatua de Hekate en el comienzo de la visita. Su imagen triple y perfecta, con su cara aun conservada por el tiempo y sin casi desperfectos hace que mi corazón se acelere. Repito para mi Hekate Soteira, salve y seguimos. Hygeia, Asclepio gigante, Afrodita armada, y reconstrucciones de las esquinas de los templos, de las columnas. Siendo muy agradable ponerte debajo y dejar volar la imaginación pensando en como sería de aquella descansar allí. Terminamos la visita y el simpático guarda casi nos acompaña a una pequeña fuente para llenar nuestras botellas. Ahora vamos al recinto arqueológico. El camino es precioso, alguno de nosotros nos quitamos los zapatos. Siento como la tierra masajéa mis pies y me pregunto quien habrá pisado esa tierra antes. La verdad, Epidauro está destrozado. Filas de millones de piedras, todas etiquetadas y clasificadas. De nuevo vuelve el nudo a la garganta. Y la eterna pregunta ¿por qué? después recuerdas… Roma, Bizancio, Otomanos, guerras civiles… Ortodoxia y … casi das gracias por el milagro de que aún nos queden piedras que ver. Cuando entonces aparece el espacio donde los enfermos entraban en el sueño mágico de Asklepio. El sueño sanador, donde el Dios curaba a la gente que iba a visitarlo. Es un espacio que conserva aún las paredes originales y al que han puesto unos bancos, donde te puedes sentar a descansar. Allí hicimos el ritual a los Dioses. Nos reímos tanto porque Alex que estaba jugando en el otro lado mientras nosotros meditamos se dio cuenta que estábamos haciendo un ritual y vino corriendo con la cámara a grabarnos. Resulta que tenemos el relevo de nuestro compañero en Labrys Chironas!! el que hace los videos!! Seguimos la visita…

Altar de Asklepio, saltamos las cuerdas y lo cubrimos de ofrendas, de libaciones de vino y aceite y de pan, leemos todos su himno y a Hygeia. Seguimos y hacemos lo mismo en el Templo de Artemis, donde Aigli vuelve a llamar a la Diosa, como solo ella la llama. Un guardia nos llama la atención porque estamos dentro de las cuerdas y fingimos ser turistas. Turistas que recitan himnos órficos. Unos turistas especiales. Seguimos caminando, nos cruzamos con el templo a los Dioses Egipcios, que tiene una parte levantada que impresiona bastante y tras salir de la zona, nos encaminamos despacio al Teatro. He hecho teatro mucho tiempo. Todo empezó en el Instituto cuando Lorca me despertó con la Casa de Bernarda Alba. Después me encontré con la Zapatera Prodigiosa y después los dramaturgos griegos me hicieron vivir vidas que no eran mías en sus personajes. He escrito Teatro también y en una de las compañías, era la mano derecha del director, así que amo el teatro casi tanto como las letras, como forma de arte y de expresión y ahora, que lo entiendo de forma divina, veo a Dioniso bailando en cada uno de los guiones que se cruzan ante mi. Hace años que no actúo, ojalá la vida me de la oportunidad de volver a hacerlo. La cuestión es que, aquel sitio era uno de esos sitios que marcas en tu lista de “algún día”. Alejandro, el director de Estrella, nos hablaba de el mientras ensayábamos Medea en Armilla. Y de repente, tras una cuesta de escaleras tremenda, vuelvo a hacer lo de siempre. Me paro. Se que está ahí. ¿Preparada para volver a hacer realidad otro sueño?

El Teatro es inmenso y conserva su acústica, ahora puedo dar fe de ello. Hay un grupo de estudiantes, que hacen una actividad que ha propuesto su maestra hasta que la estúpida de la guardia los corta y les dice que solo se puede hacer uso del centro por un rato. El centro impresiona. Como siempre imagino el Teatro lleno, hasta arriba, con los sacerdotes y los ilustres sentados al frente en los asientos especiales. Veo las túnicas de la gente, imagino sus caras. Miro alrededor y quiero encontrar al coro y a los actores y Esquilo o a Sófocles o a Euripídes. En el centro, me salen palabras de Lorca, maestro que llegan hasta aquí tus letras le digo. Hacemos la coña de hacer Medea, pero Galena se olvida de quitarme al niño siendo absolutamente buena y simpática con Jason, que soy yo. Nos reímos mucho. En trabajos más serios y tras los estudiantes de nuevo, recitamos desde el centro el himno de Dionisos. Nuestra voz y su nombre resuena. Entonces recuerdo que llevo escuchando todo el rato a la gente hacer el cafre en el Teatro, durante toda la visita y sonrío al pensar que su himno está siendo escuchado ahora en todo el espacio. La guardia no dice nada cuando terminamos. Cuando yo digo GENITO (Así sea en griego) quienes responden diciendo lo mismo son los 20 o 30 estudiantes de Francia que están allí, mirándonos. Luego nos aplauden…Aplausos desde el Teatro sagrado. Un regalo al alma. Terminamos nuestra visita, honrando a Apolo. No podía ser de otro modo. Buscamos un rincón lejos de las miradas y con el sol enfrente de nosotros. Gracias Señor de la Luz, gracias arquero imparable. Gracias Dioses por tanto…Gracias Hellas por cada rincón que conserva la esencia de nuestra tradición.

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