Aster Heras

Diario de un sueño

Y con la Kore, renacer…

Ayer tuvimos el equinoccio astronómico. Y  para celebrarlo nos fuimos a lo alto de la Roca Sagrada de Atenas. Cuando terminamos el ritual que teníamos planeado hacer, cuando cumplimos con todo el protocolo de libar a escondidas, decir los himnos con los libros camuflados en folletos turísticos y preguntarnos cuando van a quitarle los hierros al Partenón, entonces nos sentamos.

Me siento siempre en una roca de color rojiza que hay justo enfrente de la puerta principal del Templo. Me quedó allí y poco a poco reconstruyo todo en mi mente. Reparo el suelo. Levanto las columnas y vuelvo a poner el techo. Completo los frisos que los Ingleses robaron. Hago volver las estatuas que los cristianos arrancaron por estar desnudas. Entonces cuando termino con el edificio, me salgo afuera y dejo que el suelo vuelva a ser plano. Creo con mi mente el altar y lo imagino lleno de incienso. Si respiro solo huelo a vino. Es un ejercicio que hago de forma casi automática y con algunos turistas incluso me he permitido hacerlo también. Es eso a lo que me refiero cuando digo que hay más que piedras, las piedras hablan, las piedras le cuentan al alma como era antes todo y como debería ser…

Ha sido un invierno raro, no duro, solo raro. Un invierno de desprenderse de muchas cosas que sinceramente ya no necesitábamos. Un invierno de cambios. Un invierno de pasar página. Pero ayer, mientras estaba allí arriba, recordé una mancha de sangre en el suelo de esa misma roca. Fue allí donde la primera vez, descubrí que mis zapatillas estaban rotas. El calcetín se había roto también y me había hecho sangre. Levanté la vista y miré de nuevo el Partenón y el camino que queda atrás. El camino por el cual muestro el máximo de mis respetos se desplegó ante mi como una epifanía que me revelaba sus secretos. Atenea una vez más me daba la respuesta a algo que ni siquiera sabía que había estado preguntando. Entonces como si viviera en medio de una metáfora un rayo de sol, en medio de un día completamente nublado me dio en la cara -Gracias Apolo- pensé. Y mientras sonreía asistimos a un espectáculo de aviones militares y helicópteros, ensayando para el día nacional, que está a la vuelta de la esquina -Salve Ares-grité camuflada por el inmenso ruido de los motores a muy pocos metros de nosotros. El mar miraba a lo lejos la escena y el señor del Mar se cruzó por mi mente -Alabado seas Poseidon- vuelvo a mirar y veo el Partenón y la Parthenos, me sonríe. No la veo pero lo se. Me he reconectado con la Tierra y con Ellos otra vez. Lo cierto es que llevaba sin ir desde Noviembre y no es que lo necesite, es más bien que allí en lo alto de la ciudad ocurrió el punto exacto de mi vida, donde le dí al reset y decidí ser quien era y no quien supuestamente tenía que ser.

Los días pasan, y la primavera llega. Playa, Templos, Islas, Atica Dionisia, Promithia…. Vida. El sol, que verdaderamente no ha llegado a irse este invierno ilumina más horas los días.  Otra época oscura que pasa dejándonos lecciones sobre nosotros mismos que solo el frío, el silencio y la soledad pueden traer. Es tiempo de mirar hacia afuera. Es tiempo de disfrutar de la Comunidad, de la Familia y de los Amigos. Y de mi querido país. Aquel que me cortó los pies en mis primeros pasos aquí pero que me enseño el valor de los mismos. Para que nunca olvide cuando me costó llegar y para que nunca me falten las fuerzas para seguir luchando por la vida que quiero tener aquí. Feliz primavera 🙂

 

persefone1

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