Aster Heras

Diario de un sueño

Entre ruedas…

El otro día mientras veníamos de viaje, un camión nos intentó adelantar en un túnel dejándonos atrapados entre el y el muro. Estoy hablando de un camión tipo trailer, que decidió que era una jugada inteligente reproducir las circunstancias en las que se mató Lady Di con nosotros. El coche quedó a menos de medio metro y todos vimos un poco comprometido nuestro futuro en esos segundos eternos. Cerré los ojos sujetando a Raquel y a Alex con mis dos brazos. Fue algo instintivo pero vacío de miedo. Veníamos de pasar un día estupendo entre amigos, entre olivos, con una barbacoa deliciosa… veníamos en el coche envueltos por la enérgica conversación de Iwnas y Aigli, con esa chispa que solo pueden tener dos almas cuando se vuelven a encontrar de nuevo, yo estaba con mi pequeño y mi mujer. Nada malo nos iba a pasar. Aigli salvó la situación y solamente el Clio se ha llevado la peor parte que ha terminado en el taller. Nosotros estamos sanos y salvos gracias a la destreza de Aigli y a que los Dioses siempre cuidan de nosotros. Desde que vivo en Grecia paso mucho tiempo en coche, viajando. Alguien me dijo una vez hace 3 años que los griegos no andaban y lo estoy comprobando. Siempre hay un amigo que te lleva, que te alarga al metro, a lo peor o que te termina subiendo a tu casa a tomarse la última en tu mesa, en el mejor de los casos. La cosa es que los griegos, en general, pero los Atenienses especialmente están un poco locos al volante y generalmente en lo que a Educación Vial se refiere pero nunca habíamos tenido un problema serio… Una cosa de esas que te hacen darle al botón de stop y darte cuenta que podrías no estar contándolo.

La reflexión es la típica. Hay que vivir la vida cada día y no desperdiciar ni uno solo de los momentos que tienes enfrente de ti. Ni con tus hijos, ni con tus padres, ni con tu pareja, ni con tus amigos. Alguien puede decidir hacer una estupidez y llevarse tu vida por delante. Como pasó con mi madre, hace 30 años o como pudo haber pasado con nosotros el Domingo. Algo me sorprendió. En aquellos segundos eternos, cuando el camión estaba tan cerca de nosotros que el coche vibraba me descubrí tranquila. Me descubrí abrazando a los mios. Me descubrí en el sitio que quiero con la gente que quiero. Y eso, eso es algo que muy poca gente puede permitirse decir con los tiempos que corren. Así que siempre mirando el vaso medio lleno, gracias conductor por revelarme que mi vida es la que quiero y darme la oportunidad de recordar el precio de los días que vivimos.

Feliz luna llena.

 

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