Aster Heras

Diario de un sueño

Aqui estoy

El camino se abre ante mi con todo su esplendor. Las bocas hablan. Los idiotas murmuran cosas cubiertos de miedo. Las palabras vuelan sin control, mutiladas por el ego y por las injurias humanas. Hace ya más de mil eternidades que debería haber dejado de escucharlas, pero a veces es inevitable. Incluso con todo eso el camino sigue ahí. Mis pies se mueven automáticamente. Consciente de que no hay vuelta atrás, solo queda una dirección que recorrer. El camino ya no es el mismo detrás de mis pasos, ni siquiera estoy segura de que exista en si mismo. Puede parecer oscuro, pero no lo está. Detrás de los árboles que lo rodean pueden aparecer monstruos pero no son más que mis propios fantasmas, mi Efialtes particular, que juega a que me traicione a mi misma, a que me ponga la zancadilla y a que crea que ese camino, por el que caminan mis pies, no es mio, sino de el.

Cuando levanto la vista, al fondo del sendero, hay dos luces parpadeantes. Al acercarme, ignorando Efialtes, idiotas que murmuran y a mi propio miedo su silueta me devuelve una verdad. El camino entonces se enciende y cada uno de los seres que lo habitan vuelven a la vida. Desaparecen las sombras, desaparece el miedo y todo se pinta color azafrán. Vuelas las aves por encima de mi cabeza. No es día, no es noche. Y si miro atrás veo mis huellas, pero solo eso. Huellas nada más.

Si levanto la cabeza otra vez, los detalles perfilan su cuerpo. Su azafranado peplo se mezcla con el color del fuego de sus antorchas. Un velo cubre su rostro, pues a quien guarda los Misterios es a quien me acerco. Agudizando el oído descubro que los hijos del bosque, y del camino, la llaman. Los perros gritan a su paso. Y voy acercándome a su cruce sabiendo que me esperan nuevas sombras al pasarlo, sabiendo que de nuevo habrá quien pese en la balanza de la justicia lo que no le pertenece pesar, sabiendo que cualquiera de los caminos que elijo será una prueba que me haga mejorar, una prueba que no viene de ella, pero que superaré gracias a la luz que solo su grandeza nos otorga.

Ahora, que te miro, ahora que te tengo enfrente, el fuego de tus antorchas ya no ilumina el cruce sino dentro de mi. Ahora que ante tus ojos levanto los mios y acepto mis caidas pero tambien mis victorias, repito tu nombre. Repito tu nombre y lo grito hasta el punto mas infito del Cosmos. Mis pies en el camino que tu me has enseñado se impulsan hacia el cielo y bailo con tu madre el baile infinito de las Estrellas. Oh Señora, tu que apareciste en mi vida, como la torre del tarot, para desmontarla entera y ayudarme a construirla en el orden correcto de las cosas, Oh Señora tu que eres el principio y serás el fin, hasta a ti llego, para encender tu fuego y declararme estudiante, de tus Misterios.

Feliz luna llena, que Sus Fuegos Sagrados cubran cada uno de los rincones del Cosmos.

E.

 

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