Aster Heras

Diario de un sueño

Dándome una vuelta por mi email…

He recuperado un montón de fotografías que había dado por perdidas así como también un montón de hechos de mi vida que se habían quedados en una esquina de mi memoria. No se si ha sido buena idea, pero aproveche para hacer un ejercicio y mirarlos objetivamente. Las palabras de mi abuela, la gran sabia de mi vida han venido otra vez a darle la razón “todo pasa” decía mientras yo no quería creerla. Y si, es cierto, todo pasa. Pasan las hojas del calendario y cada año la naturaleza decide apagarse. Se caen también las hojas de los árboles. Y aquello que era imprescindible para la vida, también pasa. Entre mails antiguos, me he encontrado con la yo wiccana en todo su esplendor. Me he encontrado con mis intentos de ser una estudiante tardía, con la niña enamorada de quien no le correspondía y con la adulta enamorada de lo imposible. Me he encontrado a la amiga a distancia, a la madre que había perdido a una hija, con la madre que se prometió criar un buen hijo. Me he encontrado con la voluntaria en asociaciones de animales, con la escritora y con la bruja. Me he encontrado con la buscadora enfadada con su camino y con el camino en si una vez reconciliado. Cuando ya creía que mi cupo de recuerdos estaba copado, apareció mi primer viaje a Grecia y el primer ritual con Hekate. Y los ojos de Palas Atenea diciéndome cual era mi destino. Y todo. Todo pasa.

Las cosas ya no pesan, debe ser que al final he aprendido como cortar, como quitarme el lastre de la espalda. Todas los momentos en los que pensaba que no iba a poder vivir sin tal persona o sin tal cosa y aquí estoy, unos años después sorprendiéndome de que casi no me acordaba de ellos.

Kronos, el padre de los Dioses, el padre del tiempo, cada año siega y se lleva lo que no necesitamos, incluso aunque no nos demos cuenta. Su güadaña a veces duele, pero su pulso es firme y corta sin preguntar y la mayoría de las veces sin segundas oportunidades.

Estoy lista para soltar la mochila que llevo a la espalda desde hace bastante tiempo. Estoy lista para reconocer mis fallos y alabar mis virtudes. Estoy lista para mirar el camino, lleno de cruces y de capitulos cerrados y darme cuenta de que la parte del camino que me interesa es el que está bajo mis pies.

Así que, sin dudarlo mucho, seleccioné todos los emails innecesarios y pulse el botón de borrar. Con ese botón se fueron las palabras que construyeron mi pasado y que son hoy las culpables, benditas culpables de la vida que tengo hoy.

Si la vida fuera un mail ya estaría hecho. Ahora toca terminar de hacerlo en a realidad. Lo que no se queda en e corazón ya no está con nosotros. No importa cuantas veces intentes recuperarlo, recordarlo o guardarlo. Todo pasa y ese tren, sin duda ya pasó.

 

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