Aster Heras

Diario de un sueño

En el Palacio de Ayax…

Estábamos en mi casa, cenando con algunos de mis amigos, tras un ritual de Hekate cuando alguien decidió por teléfono que pasaríamos la noche del Viernes Santo haciendo un ritual en Salamina, la isla que es conocida sobre todo por su famosa batalla naval en el año 480 antes de la Era Común. Ni Galena ni Alex quisieron ir, prefirieron quedarse en casa, disfrutando del tiempo juntos. A mi no me apetecía quedarme en casa, no con las campanas sonando y con las estatuas del Galileo paseando por las calles de mi querida Atenas.  Solo había estado una vez en la famosa isla, haciendo otro ritual para los héroes de la batalla contra los Persas. (Y ahora que leo esto, así objetivamente me sonrío a mi misma por lo maravillosos que son mis días). Era una buena oportunidad para volver con el coche de Aigli, movilidad y buena compañía. Pensé que quizás podría librarme un poco de la semana santa al ser un sitio más pequeño. La verdad es que en esto estaba equivocada. Al igual que en España, los pueblos llevan las tradiciones cristianas más intensamente y Salamina, no era una excepción, pero vamos por partes…

Llegó a casa mi amiga, con su Clio semi-descapotable y su cara de felicidad. Llevamos más de un año sin música en su coche. No es que la necesitemos, hemos sustituido la música por buenas conversaciones, pero Galena y yo incluso hemos llegado a llevar el ordenador más los altavoces para poder escuchar algo de música en viajes con más distancia. Por fin Aigli había reparado los altavoces, que llegaron en el día perfecto. La música de Kabeiros y la voz de Ery nos hicieron evitar las campanas por el camino. A pesar de que tuvimos que cerrar las ventanas dos veces, porque la gente fuera no estaba tan contenta como nosotros de que fueramos escuchando música con himnos a los Dioses en medio de su fiesta.

El viaje a Salamina es corto, pero es precioso. Es barato, creo recordar que pagamos unos cinco euros, por dos personas y el coche en el trayecto. A mi me sigue pareciendo casi una atracción de feria. Metes el coche en un barco y tachan! tras 20 min de travesía llegas a la Isla. Siempre me imagino los barcos desde Atenas, escondiéndose entre las islas pequeñitas que rodean a la Isla de Salamina. Siempre cierro los ojos y trato de volar al pasado en Grecia. Reconstruir en mi mente lo que fue. Hice a Aigli subir a lo alto del barco y tuvimos una travesía preciosa. Llena de risas y de emoción. El mar, incluso el Mar de Atenas, con su Pireo y su contaminación por los barcos sigue siendo el gran purificador del alma. Además la llegada a la isla es preciosa, dejadme que os la enseñe….

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Llegando a la Isla…

Cuando llegamos nos encontramos con los chicos y con Tery. Es gracioso, Manolis tiene el mismo coche que Aigli, con el mismo color. La mini procesión de coches blancos e iguales nos hizo hacer algunas bromas. Con el coche fuimos muy alto, atravesando las montañas, a través de un bosque gigante y frondoso, con una carretera en zig zag que Aigli disfrutó como una niña con el himno de Pan en los altavoces de su coche. Estábamos atravesando la isla para llegar al otro lado. Hicimos una parada en un sitio con estas vistas…

En este sitio espectacular, hay una cruz fluorescente, propiedad de un monasterio que duerme en el valle. Consideré seriamente la posibilidad de traer una tijera y cortar e cable para al menos evitar que brillara en medio de la noche, luego me di cuenta que era darles demasiada importancia. Así que seguimos nuestro viaje…

Y llegamos a una playa de sueño, al otro lado de la isla, donde aparcamos el coche. Era el momento de subir. Los griegos y los españoles tenemos muchas cosas en común, también nuestro concepto de distancia. Aigli preguntó si estaba muy lejos, nuestros amigos negaron con la cabeza diciendo algo similar a “ahí al lado, hay que andar un poco” y 25 min después, aún estábamos subiendo una montaña, con un camino dudoso y atardeciendo, sin mucha luz. Bromeábamos en el camino “esto es como la montaña de las Musas” “Si si, pero con serpientes jajajajaja” Estoy empezando a tener mini  conversaciones en griego sin mucha dificultad. Eso hace que me sienta cómoda, ya no tengo que cortar las conversaciones en inglés para hablar. Esa tarde descubrí que también puedo participar ya de las bromas. Así que debimos estar subiendo por la Montaña de las Musas pero sin serpientes un buen rato. Eso si, de nuevo la Hélade nos regalaba su belleza en la travesía.

Sinceramente no me había enterado hasta el final de donde íbamos exactamente. En griego Ayax se dice Eas y suena muy diferente. Pensé siempre que era un héroe local y solo conocido en Grecia. Entonces algo en mi cabeza me hizo colocar las piezas correctas en el puzzle. Mientras íbamos subiendo alguien dijo las palabras Troya y Homero en la misma frase. Otro dijo algo de la Iliada y otro algo de Telemon. Eureka!! Entonces entendí que el Aías, el héroe local del que hablaban todo el rato,  era Ayax ¡El de Homero! e íbamos a su palacio que debía tener unos 3.500 años. De Ayax! el más fuerte y valiente de los aqueos después de Aquiles, el que murió en un acto de locura cuando se le negaron sus armas. Ayax. el de Homero. Uno de los héroes de mi infancia. Le metí el turbo a mis piernas. Puedo subir rápido ahora que casi no fumo y estoy bajando algo de peso. Subí, subimos y llegamos. El recinto estaba cerrado por una valla no muy alta, una alambrada de metal que nos permitía ver todo sin necesidad de saltar ni de entrar. Me quedé embobada. Como una niña pequeña, a la que alguien le acaba de dar un regalo. Aquellas piedras eran de… Ayax, el héroe. Si eso era cierto aquellas piedras debían de llevar allí más de 3500 años. Montamos el altar. Y comenzamos justo cuando sonaban las campanas del Epitafio, aunque el himno de Gemisto Pléton las ahogó. Allí entre nosotros esas campanas no tenían lugar. Tuve el honor de llamar a los Ancestros al lado del Palacio del Héroe. Cogí una de las piedras y golpeé en la Tierra antes de empezar. Libamos todos dentro del Palacio. Y terminamos. Fue emocionante lo que pasó después. Se nos hizo de noche y el camino era más bien dudoso. Alguien empezó a decir el himno de Artemis, y todos le seguimos, después vino del de Atenea, el de Zeus, el de Hekate… El de Hera, Afrodita y poco a poco, con las bendiciones de los Dioses y el honor de pronunciar los himnos sagrados en nuestros labios, llegamos a los coches. La celebración del ritual la haríamos en un bar de Souvlakis en el centro de la ciudad.

Ahora un poco de información técnica acerca del Palacio de Ayax….

Se descubrió en 2005 y se cree que es una construcción que data desde hace más de 3500 años. La fecha en la que Homero sitúa la Guerra de Troya. Este palacio que ha venido a reafirmar la idea de que los libros de Homero estaban basados en realidad y no en fantasía, perteneció a una famosa dinastía de Reyes que incluía a Telamón, rey de Salamina y padre el héroe de la Iliada.

El yacimiento se compone de una ciudad situada a los pies de un complejo palaciego, en la cima de una montaña y con unas vistas increíbles, dignas de un rey. El palacio estaba formado por al menos 33 habitaciones distribuidas en cuatro niveles. Unos 750 metros cuadrados en cada nivel. Dos de estas estancias contienen lechos a modo de banco, elementos que,  evocan una referencia de Homero al rey de Pilos durmiendo en la parte trasera de su casa.

Entre los objetos recuperados en la zona se encuentra cerámicas, instrumentos de piedra, sellos y útiles de cobre. Particular interés presenta una lámina de cobre en la que aparece inscrito el nombre de Ramsés II, faraón de Egipto en el s. XIII a.C., lo que probaría que los restos corresponden al período histórico en el que suele situarse la guerra de Troya.Luego de la guerra de Troya en 1180 a.C., el palacio fue abandonado. Los arqueólogos creen que Ayax fue el último monarca en habitar el lugar antes de inicia la legendaria campaña bélica de 10 años.

Aún quedan muchas cosas que explorar en la isla, espero que en la próxima ocasión pueda repetir de nuevo la visita al palacio, con las manos llenas de ofrendas a los Ancestros. Prometo en el futuro hacer una sección de artículos de los héroes más conocidos en Grecia. Espero que os haya gustado la crónica, el artículo y las fotos 🙂 

Gracias por haber leído hasta aquí y por acompañarme en mi viaje, a descubrir los regalos que mi Itaca guarda. Hasta la próxima.

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