Aster Heras

Diario de un sueño

A la vuelta de las vacaciones…

Y Grecia nos ha sorprendido una vez más. Por fin nos hemos estrenado y hemos ido a alguna isla. Bueno, ya habíamos estado en Salamina, pero Salamina no cuenta como isla en si para los Atenienses, que está a 15 min en barco desde el puerto.

Nos levantamos el jueves por la mañana super temprano para llegar al Pireas a las 7, a coger los tickets. Y que idiotas somos, que llevamos tres años viviendo aquí casi y aunque sabemos como funcionan las cosas a veces seguimos empeñados en ser “turistas”. Era evidente que aunque en el mail de la compañia de Ferries decía que había que estar allí dos horas antes de la salida del barco para recoger los tickets, a las 7 de la mañana la taquilla estaba cerrada. Nos lo tomamos con filosofía, un café, vamos a echarle de comer a los peces, Alex emocionado por los barcos que iban y venían y cuando nos dimos cuenta estábamos cruzando al barco. Si vierais al peque… Cualquier esfuerzo económico que hayamos hecho para pasar estas vacaciones ha merecido la pena por el. Desde el barco hasta el hotel. En el barco, mi niño decidió que quería ser capitán, aunque se llevó una gran decepción al ver salir al capitán real que iba en vaqueros y con un polo de la compañía de barcos. Estoy segura de que se estaba esperando al típico con chaqueta y sombrero elegante, como el del Titanic. Durante la hora y media que duró el viaje, el pequeño estuvo todo el rato mirando por la borda. Primero los brillos del mar y el sol. Después los barcos que nos cruzábamos, después cuando empezamos a ver la isla desde lejos las gaviotas que volaban casi paralelas a nosotros. Todo un espectáculo. Mientras Galena y yo disfrutábamos de una lectura tranquila, en la cubierta, el no paraba de hablar en los tres idiomas que sabe con toda la gente, contándole a todo el mundo que era su primer viaje en barco y que siempre lo recordaría.

Algunas fotos…

Entonces llegamos a la isla, desayunamos en un sitio precioso, unos huevos, café, zumo y pan que nos sentó de maravilla. Y cogimos el autobús para Agia Marina, después de descubrir que el taxi eran 16 euros.

El camino es rural, aprovechamos para ver las pequeñas aldeas y los caminos, mucha gente como siempre parándose en los monasterios e iglesias, nosotros teníamos otro destino. No lo sabíamos, pero en un punto del viaje, el conductor anuncia una parada muy especial.

“Afaia Temple”

Nos miramos, quizás lo veamos. Lo tenemos agendado para el sábado pero un aperitivo no nos iría mal. Una pequeña curva después Afaia se deja ver. En la cima de una montaña mirando al mar, completando el triángulo sagrado. Y por fin llegamos a Agia Marina.

Agia marina, realmente son 3 calles, y sus callejones jajajaja es un sitio turístico pero clavado en un paisaje natural indescriptible, y no explotado como algunas partes o islas de Grecia. Pese al turismo hay un cierto respeto a la naturaleza. Bajamos del bus y lo primero que vemos es una plaza con una estatua de Atenea, a la que pusimos una ramita de olivo. En la misma calle está el hotel Alexander, el Aigli, el Galini y el Danae. Vaya, parece que el pueblo es nuestro… Encontramos nuestro hotel y aunque son solo las 13.00 nuestra habitación está isla y podemos hacer el checking. Del hotel Angela, solo puedo hablar maravillas. Trato exquisito, habitaciones perfectas y con vistas al mar, piscina increible y unos desayunos que motivaban a Alex y a Galena a acostarse temprano para desayunar. Un balconcito mirando al mar, para pasar las noches con tu pareja mientras bebes un vino frío y tu hijo duerme tranquilo es algo que se agradece cuando viajas con niños.

Ese mismo día bajamos a la playa. Aguas turquesas, arenas blancas. Es el caribe? No, es Grecia. Media Alemania e Inglaterra están allí metidas, la otra media debe estar en Ios o en Mikonos. Cenamos en un Soublaki delicioso y nos acostamos prontito. Galena y yo nos despertamos a media noche y nos fuimos al balcón a hablar, donde corría la brisa, olía a mar y se veía un cielo de estrellas impresionante.

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Al día siguiente Afaia. Aigli vino a pasar el día en la isla también. Así que tras darnos un baño en la piscina, nos vestimos y vamos para el templo. Pese a hacer un calor que literalmente pesaba sobre nuestros hombros, el lugar donde está el templo y el templo en si es increíble. Como sobran las palabras mejor os dejo un resumen de fotos. Información técnica la podréis encontrar en google y si queréis saber como llegar, el autobús de linea sale desde Agia Marina y es una parada o desde Aegina y deben ser como seis o siete. El autobús cuesta 2 euros y el templo creo que 8, nosotros entramos gratis por una tarjeta de filiación a un museo que tenemos.

Cuando Aigli se fue, decidimos pasar los dos días que quedaban tranquilos. Así que le preguntamos a Alex que quería hacer. Piscina y playa. Fue muy claro. Dos días tranquilos, mañanas en la piscina, tardes en la playa, noches en el hotel con vino frío y conversaciones interminables de madrugada con mi mujer y un viaje perfecto de vuelta donde conocimos a una pareja de griegos, amantes de España que nos repitieron mil veces al menos lo bien que hablábamos griego y lo bonito que era nuestro país. Las primeras vacaciones de playa que tenemos juntos y se quedaran en nuestra mente para mucho, mucho, mucho tiempo. Ya lo aseguraría Alex en el barco de ida.

“Mamá, te prometo siempre me voy a acordar de este viaje”

Y yo también 🙂

Καλό Καλοκαίρι!!

 

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