Aster Heras

Diario de un sueño

Porque la vida es un sueño

Entonces David me dijo ¿Bueno que, sacas los billetes para iros o no? me pregunté a mi misma si era verdad y si alguien me estaba convenciendo para irme a vivir a Atenas. Dije que si, y me temblaba la mano. Igualito que la primera vez, cuando saqué los billetes del primer viaje, solo que ahora no había billete de vuelta. Era apostar por algo que había soñado 100%. Los sueños no se cumplen, dice todo el mundo. Los sueños nos hacen aspirar a la mejor versión de la realidad, dicen otros. Aquí, desde mi sueño, digo que es mentira. Los sueños se cumple y a veces incluso son mejores que cuando viven dentro de nuestras fantasías.

Ayer tuvimos otro de esos días normales que solemos tener aquí. Almorzar en el restaurante de Erymanthos, y darte cuenta que tu nivel de griego te permite seguir conversaciones entre varias personas e incluso responder. Saber que en unos días abriremos el curso en Labrys, con el Equinoccio de Otoño, honrando a Demeter y a Perséfone, hace que todos estemos de buen rollo. Hace algunos meses el gobierno decidió quitarnos el altar que teníamos allí, pero la comunidad lo construye y lo desmonta cada vez que vamos. El altar que es el centro de nuestra tradición, sigue allí aunque las piedras estén cada una en un sitio. Después, vamos a la feria del Libros, y me encuentro con una yo que echa de menos pasear entre montañas de historias en papel. Echo de menos mis libros aunque se que jamás los recuperaré. Miles de historias y de momentos que se han ido con cada uno de ellos. Me recompongo de la hostia que me supone recordarlo. Ahora llenaré las estanterías de otros momentos, escritos en la lengua que llevo admirando tanto tiempo, en griego. Como si fuera un enigma resuelto, esas letras tan bonitas cobran sentido en mi mente y descifro su significado. Comprendo que tarde o temprano tendré un problema económico pues todos los puestos tienen cientos de libros que quiero. Doy una vuelta y desde una esquina, hay dos ojos que conozco y me miran, dos ojos en blanco y negro y una expresión serena, que me recuerda donde nací. Federico García Lorca, el alquimista de letras, el mago creador de sueños, ha cruzado las fronteras y se asoma a las puertas de Zappio a recordarme los jardines de la Alhambra y las montañas de la Sierra, para que no olvide de donde vengo. Una leyenda reza al pie de la foto “80 años desde el asesinato de Federico Garcia Lorca”, Alex me pregunta quien es y le explico. Me pide una foto al lado del maestro y después compramos un par de libros para el. La Odisea y la Iliada, las guías de mi vida, con unas ilustraciones estupendas y en griego, por supuesto.

Una librería española y una señora que se sorprende de mi español fluido, me sonrío y miro a Aigli, rogándole que no diga nada, que no quiero dar más explicaciones. Neruda, Garcia Lorca, Javier Negrete y otros nombres me saludan desde las estanterías. La chica me da una tarjeta y me dicen que tienen libros para mi nivel. Un amigo nuestro, Giorgos, que escribe libros está en uno de los puestos. Se alegra muchísimo de vernos, conversamos durante un rato de Hekate, de Persefóne y nos invita a una de sus charlas dentro de una semana. Tras babear un rato en la mejor editorial griega para libros clásicos, nos vamos a Sintagma a esperar por Galena, Alex disfruta con el cambio de guardia del Soldado Desconocido e imita a los Tsolies, se pasa 20 minutos intentando caminar como ellos y yo me emociono mucho al verlo tan feliz en mi Grecia, en su Grecia. Va a cumplir 8 años y lleva aquí desde los cinco, para mi son solo tres años para el es más de media vida. Me lo demuestra cuando me dice que no quiere fotos con ellos, que están siempre aquí y que si quiere verlos puede volver otra vez. Volvemos a casa, pasando por el Templo de Zeus y por el Templo de Artemis Agrotera, donde para nuestra sorpresa alguien acaba de terminar un ritual y el pequeño altar que tenemos allí está lleno de ofrendas y de vino recién libado. Volviendo a casa, con la mirada fija en el Acrópolis, doy gracias en silencio a los Dioses por mi vida, donde días normales se convierten en lo que sin más quiero hacer, disfrutar de mi familia y amigos, de mi hijo, de mi mujer, bajo la mirada atenta de los Dioses en su tierra, en su Ellada, en mi Hellas, la tierra de mi alma y de mi corazón.

Desde el sueño, que aún dura… un abrazo para todos…

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