Aster Heras

Diario de un sueño

Andalucía

El otro día le contaba a una de mis amigas que los Andaluces somos un poco el choteo de España. Que si estamos siempre de fiesta, bailando, bebiendo manzanilla y viviendo de nuestros olivos, cuando alguno de ellos ni siquieran han salido de las ciudades.

“Entonces naciste en la Grecia Española por lo que veo”

Recordé nuestra bandera y me eché a reir. Antes de venirme a vivir aquí. Ese mismo año en Agosto, un mes antes me fuí de vacaciones a Granada, en un viaje muy raro, donde me robaron el móvil, nos quedamos sin hotel por un error de la reserva y me reconcilié con la tierra que me vió nacer. Aquel día que la niña que fuí allí se encontró con la mujer que soy ahora y se descubrieron enfadadas la una con la otra por llevar años sin hablar. La niña estaba asustada, enfadada y confusa, la mujer estaba melancólica, enfadada y triste. Tras dos horas de llanto y alguna risa, gracias Galena por aguantarme, salimos a pasear. Y Granada brillaba. Brillaba tanto como cuando era una adolescente y cruzaba el puente del Genil para salir de fiesta y me paraba a mirar la vista, porque era tan bonita que me dolía a los ojos si no lo hacía. Brillaba tanto como cuando descubrí a Lorca o a Manuel de Falla. Brillaba tan alta, como sus montañas. Siempre me he considerado un poco apátrida. Nunca he encontrado mi lugar en la “España” que todo el mundo proclama a voces. Quizás perdí el foco. Quizás la mole de cemento que es Madrid me comió.

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Quizás al final si que me olvidé de quien era y de donde vengo y lo más importante ¡a donde iba!. Esa tonta frase de mi amiga, que pretendió hacerme una broma me hizo reflexionar que quizás no he nacido tan lejos de Hellas como pensaba. Quizás Hercules la llamo su Tierra porque no era tan diferente. Al fin y al cabo yo también me crié entre olivos, bebiendo aceite y nadando en el Mediterráneo. Mi pueblo también es blanco y está clavado en una montaña. Mi abuela también cocinaba como si no hubiera mañana y me daba el dinero a escondidas, como si fuera droga. Yo también nací en una tierra de Arte. Reconocer mi cuna y darle el valor necesario era algo que tenía que muchos pensaban que jamás llegaría hacer, pero aquellas lágrimas de Agosto, antes de venirme a casa. Antes de cerrar la puerta de mi vida en Madrid y no reconocerme más entre aquellas calles, me hicieron dar los primeros pasos.

Un día, no hace mucho soñé con Herakles. Estaba yo en su estatua en el estrecho de Gibraltar y la estatua tomaba vida. Me miraba y me decía: Sois los hijos de Herakles, mi sangre y mi casta. El ponía una columna y la otra y de repente estabamos en Esparta. No voy a dejar que nadie más, ni Españoles, ni Griegos juzguen mi camino. Se de donde vengo y se en donde me quiero quedar.

Gracias.

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