Aster Heras

Diario de un sueño

El Arte de cuidar las palabras y los pensamientos…

Si miro hacia atrás y me pregunto cómo era yo de niña la respuesta es simple, era una niña hecha de letras. Desde que aprendí a leer decidí que los libros fueran mis mejores amigos. Me recuerdo siempre con un libro o un lapiz en la mano, en clase, en el recreo, en el baño de la escuela y en mi casa, con la luz apagada leyendo por las rendijas de luz que se colaban por las persianas. Una poesía de García Lorca me animo apenas con 8 o 9 años a escribir mi primer texto. El maestro que me dió la vocación de escritora, se convirtió en mi cabecera, recuerdo que incluso hablaba con el de mis “creaciones”. De todo lo que se me pasaba por la cabeza, de todo aquello que terminaba materializado en un papel, en una servilleta, en la esquina del libro sin forrar o en casos de emergencia en el dorso de mi mano.

Tuve la desgracia de criarme en una familia no muy amante de las letras, y no muy amante de expresarse libremente, donde había que guardar la personalidad propia para adaptarse a la del resto bajo riesgo de ser objeto de sus burlas. Donde leer y escribir era más bien “algo de frikis” y fueron varias las veces que mis escritos fueron usados para reirse de mi. Esa sensación de ridículo me hizo crear una lengua propia, una especie de runas que me ayudaban a encriptar mis pensamientos y lo que quería escribir ya que el impulso era más fuerte que el propio hecho de que esas letras podrían significar el cachondeo de mis hermanastros y mis padrastros durante mucho tiempo.

Nunca dejé de escribir hasta que llegó un señor a mi vida, con 19 años, que me rompió el corazón y rompió parte de los papeles que tenía que llenar de letras. De pensamientos, de palabras. Me volví de nuevo una mentirosa, una rastrera y saqué lo peor de mi por mucho tiempo. Como si las letras – o más bien su ausencia – hubieran anulado en mi lo positivo.

Las palabras, las letras…

Siempre tan importantes.

La Tierra del Aire, si hablamos de Magia Elemental. Es la palabra la forma que tienen nuestros pensamientos de saltar de nuestra cabeza a pasar a ser algo de todo el mundo. Son las palabras como el cuerpo de nuestra mente. Son las letras como sus huesos.

No en vano nací Géminis. El Dios que calla las disputas y que porta en sus manos el arma irreprochable de la paz, el dios de las palabras y de las letras, el dios alado, estaba en el sol cuando yo nací. Y recibí de el la mayor de las virtudes, la de ser escritora, la de ser contadora de historias.

Durante mucho tiempo me olvidé de quien era. Que el amor empieza por una misma y que cuando te recortas por alguien pierdes tu esencia.

He malgastado mucho este don. He usado mis historias para inventarme yos que no existían y para criticar. He participado del cotilleo como la que mas, como buena HispanoHelena que soy, he llenado páginas, mentes y conversaciones de palabras que solo buscaban justificarse, rellenar vacios que otras personas habían dejado. Se acabó.

Es hora de volver, es hora de volar a Mercurio y volver a escribir mi historia. Esta vez sin aditivos, sin colorantes ni conservantes. Si miedo a la soledad y sin miedo al que diran. Con los pies en la Tierra de mi alma y la cabeza en las estrellas, como siempre y el Caduceo del Dios Alado en mis manos. Para callar todas las disputas, pero esta vez, solo las de mi mente, las del resto no me importan.

“Procura que cuando hables tus palabras tengan más sentido que el silencio”

Feliz fin de semana.

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