Aster Heras

Diario de un sueño

Llaves.

El camino lucía normal. A ambos lados había cientos de escaparates y tiendas. Gente que iba al trabajo y a la Universidad. Me habían dicho, intenta estudiar algo, te servirá en el futuro. Yo entonces me agaché a recoger un libro que me enseñó que el futuro lo decidimos nosotros. Ese libro que me incustró en el alma que las preguntas son más importantes que las respuestas y que siempre es bueno seguir preguntándose quien eres. Continué caminando y en uno de los cruces, me atrapó la vida entre sus garras. Y entre medias de estudiar la prometida carrera que iba a solucionar mis días venideros, alguién me contó que había un futuro entre facturas, comprar una casa y coleccionar domingos de familia y yo le creí, pero no era cierto. A veces alguien nos hace creer historias que parecen contadas de una forma, pero son de otra. Y a veces son mejores de lo que llegamos a entender.

Pasó un tiempo y me di cuenta que me había quedado en el cruce, más de lo que esperaba. Entonces vino un angel a decirme que yo era un guerrero de la luz y me permití creerlo. Me levanté de un salto, como si alguien me hubiera dado un guantazo y eché andar de nuevo. Me reinventé mi vida, hasta escogí otro nombre, porque desde bien pequeña se lo importante que es llamarte con lo que refleja tu interior. Cerré la puerta de la Iglesia y salí al campo. Miré los árboles y me volví a enamorar de la luna. Dance por muchas noches en su espiral eterna y me columpié en las trenzas plateadas de sus cabellos. La misma Luna que un día me dió una llave. La misma llavé que me hizo cruzar una puerta que no olvidaré jamás. No hay palabras que reflejen que hay detrás de esa puerta y si las hubiera, sería que lo que debería estar ahí no estaba y yo hubiera sido el testigo de una ilusión. Y quien me iba a decir a mi, que en mitad de mi camino muggle, me iba a encontrar un libro que cambiaría mi vida y me daría unas gafas para ver la realidad que solo alguno de nosotros tenemos. Y quien me iba a decir a mi que un ¿Quién eres? abriría más puertas que cualquier título de Universidad, que cualquier domingo de familia o que una cuenta de banco llena.

Sigo mirando a la luna. La luna siempre esta ahí en infinita armonía con los cuatro pilares que sostienen la vida y crean nuestra realidad. El silencio y la materia que alimenta a los Dioses los rodea. En un baile  que no ha parado jamás desde el principio de los tiempos y por los que algunos estamos dispuestos a ser quien toque la música, a ser quien guarde la puerta, a ser quien guarde silencio para que la Orquesta suene. Hasta el final de los tiempos. Y más allá de ellos. Para que todo el mundo tenga el camino abierto hacia la fuente. Y no tengamos que beber de cántaros.  Llaves. Silencio. Rosa. Yo.

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