Aster Heras

Diario de un sueño

Kore de ojos azules….

A la caída del sol de hoy comienza el día de Atenea, tenemos uno cada mes, no es como en la Wicca o en otras religiones paganas que debes de armar un gran jaleo para celebrar cada uno de los días especiales que tenemos, se trata más bien de honrar a la Diosa, de dejarle un espacio en el día para celebrarla, por supuesto acercarse un rato al altar si lo tienes en casa y para los que tenemos la suerte de vivir cerca de alguno de sus sitios sagrados es un día perfecto para ir a visitarlos.

De eso precisamente quiero hablar. Me he puesto enfrente del altar con el olivo en la mano y el incienso en la otra, he levantado las ofrendas un poco hacia ella para empezar a invocarla. He cerrado los ojos y el himno órfico de la diosa me ha secuestrado del mundo. Yo no he estado en mi sala. Estaba en la Acrópolis. Con el edificio que marca la identidad del país de mi alma en todo el mundo. Con sus columnas dóricas de mármol Pentélico, blancas y negras por los rincones, porque el paso del tiempo se las está comiendo o quizás sea la vergüenza de los hombres que olvidan su pasado y su historia, quien sabe. Estaba allí con su plante sereno. Qué bonito es, que suerte haberlo visto tantas veces que pueda ser capaz de traerlo a mi memoria solo con cerrar los ojos. Como por arte de magia, las columnas se han “reparado” solas. Las estatuas han vuelto a su sitio, las piedras se han colocado en los agujeros que faltaban. El edificio embajador de una época mejor para todos, dejó de estar bombardeado, dejó de haber tenido una mezquita y una iglesia dentro, dejó de estar a medias para mostrarse tan entero como lo pensaron al principio, como era cuando “solo” la casa de la hija de Zeus.

Finalmente la estatua apareció entre una puerta de roble maciza que se abría ante mis ojos, recordándome que un día fué así. Creo que 2500 años me han dicho “hola” en un momento. De repente he sido consciente de cuanto nos hemos dejado en el camino para llegar a donde estamos. De cuanto nos contarían si pudieran esos mármoles sagrados disfrazados de zona turística para algunos o de sitio arqueológico para otros. No se si la Diosa, volverá a ser honrada algún día allí como lo era antaño, yo voy a seguir llenando de libaciones de aceite de oliva el suelo de su roca hasta que me den las fuerzas me da para pensar en medio de mi creación mental.

γλαυκῶφ᾿ εὑρεσίτέχνε, πολυλλίστη βασίλεια….

(De ojos claros, de amplio saber, muy suplicada Señora).

El himno termina y la sagrada libación sella mis palabras.

Feliz día de la Diosa.

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