Aster Heras

Diario de un sueño

Reorganizándome….

“Si no aprendes a dejar de desayunar, serás gorda”

“Como no te metas en una 40, te acuerdas”

“¿Cómo voy a hacer yo que esta gorda entre en este vestido?”

Algunas de las perlas que han programado mi mente para convertirme en lo que tanto me pronosticaban cuando era pequeña. Una persona con obesidad mórbida incapaz de perder un solo gramo sin recuperarlo después.

Me crie en una casa un poco superficial. En una familia donde se esperaba que mi primer sueldo como canguro fuera a para para comprarme ropa y maquillaje y no en libros como fue 🙂 Durante la semana, las dietas obsesivas de mi madrastra ( la dieta de soja, la de avena, la de la zanahoria ¡todas las había probado con menos de 14 años ) me mataban a hambre cuando en el fin de semana me escapaba a casa de mis abuelos, intentaban cubrir las deficiencias con más comida. Recuerdo que mi abuela compraba pack de 4 hamburguesas para mi y solo para cenar una noche. Aquella comida era exquisita y sentía realmente que si no me la comía mi abuela se pondría triste. Así que mi vida transcurría pasando hambre entre semana y comiendo como una autentica cerda feliz los findes.  Todos en cierto modo hemos pasado por eso en la casa donde me crie. Antonio, mi progenitor legal, es a sus 60 años una persona anoréxica que es capaz de matarte si comes en su casa algo que no está planeado o mi hermano, con 26 no es capaz de tener una conversación normal sin hablar de comida y deporte.

Toda mi vida he identificado la comida con los sentimientos. Por eso la primera vez que Rubén me dejo, me volví anoréxica o cuando me mudé al pueblo tras la EGB y me sentí la persona más sola del mundo me metía los dedos para vomitar cada vez que comía. Hace mucho que no lo hago, por si hay alguien que se preocupa, pero lo que si hago es atracar el frigorífico cada vez que ante mis ojos aparece un problema. Y ahora ha llegado el momento de parar esto. De ponerle a mi nous un poco de orden y empezar a mirar al futuro dentro de un cuerpo sano y acorde con los principios que rigen mi vida.

Hoy me he pesado, no voy a decir el peso, lo tengo apuntadico en una libretica y solo yo se cuantos kilos tengo que perder. Solo quería dejar esto aquí para manifestar mi voluntad de que en un año, el cuerpo que tengo, la maravillosa máquina que me han dado los Dioses para vivir, estará más cerca de mi alma. Prometido. Tenéis mi palabra.

 

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