Aster Heras

Diario de un sueño

13 de Agosto

Cuando ves a una manada de lobos, el jefe siempre se queda detrás, controlando a todos para que nadie se pierda, para que nadie sea atacado sin recibir ayuda. Yo un día conocí al lider de una manada de lobos. El siempre miraba a los suyos desde su silencio y en su reino trabajaba para que nadie se quedara atrás. Para que ninguna injusticia los rozara. Este lobo, que rey y señor de su territorio nunca dejó de trabajar, decidió un buen día hacer volar al Fenix bajo la Tierra a la que juró defender. Las hienas respondieron a la guerra que sin querer el fuego había desatado. Los inmortales desde el cielo apretaban los puños. Los pactos están para cumplirlos y no era momentos para ellos actuar aún.

Había un destino que cumplir y el lobo jefe, con su pequeña manada se marchó de su reino. Vestido de mendigo, de perro faldero, guardando la furia de todos sus ancestros en el pecho, jurándose volver y entregar la oportunidad que el había perdido a la siguiente generación. Lo llevaron a un bosque frio, donde no había lobos, donde el honor se había emborrachado de cerveza negra y bailaba al ritmo de un violín desafinado. Y allí, perdió parte de su alma.

Cuando tras muchos años, el lobo regresó solo a su reino le contaron que habían ganado la guerra y la libertad, que debía alegrarse. El sabía que solo habían cambiado el collar que los sujetaba del cuello. Solo habían cambiado de amos y la tierra que tanto amaba seguiría conquistada por extraños, por extranjeros, por seguidores de algo que no era suyo. Entonces llamó al Fenix, le prometió que entregaría su secreto al futuro e hizo a sus dos pequeños lobos jurar lo mismo. Esperarían dos vidas hasta volver a encontrarse, entonces invocarían sus memorias y con ellas el fuego del Renacimiento y una segunda oportunidad para que la libertad pudiera abrirse paso en el Reino.

Yo conocí a ese lobo. Conocí su eterna pipa y sus ojos de piedra verde que traspasaban cualquier alma. Conocí su sueño y sus fracasos. Conocí su mano y la arruga de su abrigo, conocí sus principios y sus defectos. El me enseño a gritar en el bosque su nombre. El me enseño a bajar al centro de la tierra y saber donde duerme. El, que tiene su reino más allá de los mapas, más allá de la sangre y más allá del tiempo. El que cada noche aulla en la montaña de los lobos a quien quiere escucharle está a punto de hacer la llamada definitiva. Y yo que aún recuerdo mis promesas y mis pactos, responderé a ella.

La palabra siempre hay que mantenerla. Y el lobo será quien nos reuna de nuevo a todos.assets_large_t_175762_53523646_type13145

*Parte de un relato de fantasía que estoy escribiendo para un concurso* 🙂

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