Aster Heras

Diario de un sueño

Septiembre de finales y comienzos

Se acaba el verano, la ciudad se empieza a llenar de gente aunque yo llevo unos días sin moverme de mi barrio. El dinero nos está jugando alguna mala pasada, las cosas no paran de subir y los sueldos no paran de bajar, pero estamos bien, manejando la tormenta hemos aprendido a disfrutar de cosas que el dinero sigue sin comprar.

La casa, tras la plaga de cucarachas y de moscas ha resistido el verano. Ahora empiezan a salir algunas humedades, es una casa vieja que no ha tenido mantenimiento en mucho tiempo. Quizás es solo el agua, que amontonada se escapa por las paredes haciendo un mero reflejo de lo que nos pasa a nosotros, en los corazones.

Alex empieza el colegio en nada, nueve días, sabe más griego del que pensabamos y aunque le cuesta aún un poco escribir las letras, quiero confiar que los profesores lo ayudaran y sacará adelante el curso. Es la primera vez que va al colegio, pero siendo sinceras no podemos continuar con el HomeSchooling porque la Educación en Casa hay que completarla con actividades extraescolares que no podemos costearnos y Alex necesita más socialización. Con ocho años ya no puede ir a los parques de bolas y el parque de la calle no es suficiente. El está un poco asustado, no por el colegio en si, resulta que va a tener que ocultar y mentir para no hablar de la mitad de su familia. Mamá Cake será su tía y papá simplemente trabaja en Londres y no puede venir. Yo soy la madre soltera que ha decidido mudarse de país para buscar más oportunidades. Somos Españoles, así que como todo el mundo sabe que allí somos católicos entienden que no queramos religión ortodoxa. Parece exagerado, pero tras comprobar que la inaguración de curso es con una ceremonia ortodoxa y que cada día hay una oración conjunta antes de empezar, entiendo que Alex nunca va a poder hablar libremente de su vida, al menos hasta que no aprenda a defenderse solo.

Este verano ha sido muy intenso y muy solitario. De cortes. De entender que quizás vine aquí por razones que ni yo misma super interpretar bien, no os confundáis, se que este es mi sitio. La paz y la tranquilidad que siento al dormir cada noche es algo que no he sentido en ningún otro lugar del planeta tierra. Pero los motivos que me empujaron a coger las maletas y venirme, ahora son otros. Por supuesto como centro común siguen estando los Dioses, varian los caminos a tomar. La comunidad helénica aquí es complicada. Miles de guerras internas adornan el panoráma y parece ser que no es oro todo lo que reluce. Labrys siempre será mi hogar, en el he crecido y he aprendido miles de cosas pero si estar en una comunidad helénica significa estar bajo el punto de mira de toooooooodas las comunidades helénicas, creo que es tiempo de dejar de ser “tan pública” y recogerse. Centrarse en la vida, en lo que puedes dar como persona y en mejorar tu alrededor. No significa que desaparezca, significa que ya me cansé de demostrar que ser lesbiana no es malo o que tengo derecho de estar frente a un altar igual que el que más. Soy extranjera, soy lesbiana y soy devota de Hekate. No tengo problemas con ninguna religión pagana y la magia no me parece nada infernal. Todas esas características de mi persona, son un cocktel molotov en según que círculos aquí. Y como no voy a cambiar lo que soy, por lo que debo ser, es mejor ser sincera con una misma.

Hace unos días me enteré que hace dos años, robaron en mi casa paterna. Me enteré que las pocas cosas que mi madrastra y Antonio no habían tirado, acabaron en un camión de mudanza que usaron los delincuentes para vaciar la casa. Hace dos años, justo cuando pasó todo el follón de Alcalá de Henares. Fotos de bebé, notas del colegio, mis pequeñas joyas de oro de mi comunión y de mi bautizo. Todo desaparecido. Es como si… España se empeñara en borrar mi pasado. Está bien, lo acepto. Y lo dejo ir. Estos dos años me han enseñado que lo importante son las personas y los momentos. Asi que liberada toda esa energía es hora de reconstruirse. De crear presente y futuro.

Me encantaría decir que he tenido un buen verano, pero no lo ha sido. No porque me haya pasado algo malo, sino porque enfrentarse a tus porqués nunca es fácil. El Otoño ya está aquí y mi época preferida del año siempre me impulsa a intentarlo de nuevo. Yo ya no se que quiero de la vida, si se con quien quiero vivirla. Hay gente aquí en Hellas y en España que han aguantado estoicamente los años y los meses comprendiendo mis defectos y haciendome mejor persona con su amor y su amistad. Es por ellos por los que voy a vivir, por ellos, por mis Dioses y por la satisfacción de saber que sigo en el sitio correcto, aunque el camino esté difuso entre sombras.

Feliz Otoño a todos.

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Tengo una foto fantástica, salgo vestida de gitana, con un vestido amarillo y una sonrisa que ni yo se de donde la saqué, porque me acuerdo de ese día perfectamente y no es que fuera un día feliz.

El día que me compré ese vestido de gitana, unos dos o tres días antes de la famosa foto. Mi abuela me llevo a la tienda. La mujer de mi padre me pidió llegar a casa al mediodía, mi abuela, que se entretuvo un rato en el camino, decidió invitarme a una tapa en un bar para que “fuera comía”. Tenía 9 años, la edad de mi hijo. Como era la abuela y era un “mayor” supuse que estaba bien.

Al llegar a casa las Furias se habían apañado de mi señora madrastra y no voy a entrar en detalles victimistas de lo que pasó, pero nada bueno. Y nada normal. Aquel vestido, que tanto me gustaba, porque era mi primer vestido de gitana de mayor, me recordó siempre a la bienvenida de la mujer de mi padre. Aquel día.

Cuando miro esa foto, no se que pensar. Recuerdo que de aquella ya soñaba con mis 18 años. Y todas las cosas que quería hacer. Ser periodista, publicar libros, viajar. Exceptuando por lo último ni soy periodista, ni he publicado libros ( aunque si estoy terminando uno ) y otras tantas cosas que se que se han quedado en el camino de los sueños. Esa niña, me mira con sus ojos verdes y me pregunta que he hecho con su vida en estos 20 y pico años. No estoy triste con mi vida, pero siento que podría haber hecho algo más. Y es ese algo más lo que está generando un vacio que me empieza a preguntar demasiadas cosas. Es hora de cambiar de verdad, de darle el rumbo a esto que necesito, antes de que sea demasiado tarde y no haya tiempo de verdad.

La niña, que soñaba con recorrer los sitios donde se crearon los mitos a los dioses y la Odisea. Ha cumplido muchos sueños, pero sigue mirándome desde la foto, con su sonrisa no fingida por razones que no recuerdo. Me cuenta que aún hay tiempo de hacer las cosas bien. De soltar el lastre, de caminar hacia el cielo.

 

 

Vivaldi dándome aire…

El día se levanta y aunque ayer me quedé leyendo hasta las tantas me he levantado pronto, porque me gusta ver a Galena un poco antes de que se vaya a trabajar. Son las ocho y tengo que estudiar un poco antes de que el pequeño se levante. Me he hecho un café. Tengo unas semanas un poco extrañas.

No tengo razones para sentirme sola. No estoy sola, tengo a Galena y a Alex y algunos pocos buenos amigos. Soy afortunada, para contarlos aún necesito las dos manos, pero siento un vacio un poco extraño en mi vida. Es como si el suelo desde el último mes hubiese decidido echar a temblar cada vez que quiero dar un paso. Como si las voces a veces pesaran mas que los hechos. Como si miedos antiguos aparecieran de la nada. O como si todas las decisiones que no tomé hubieran decidido decirme hola. También las que tomé mal. Es como si me hubiera cansado de luchar y por un momento pulsar el botón de la normalidad fuera lo justo y correcto.

Y en medio de ese caos mañanero, que amenaza con mandarme a la cama de vuelta a vegetar y sin más sobrevivir un día más hasta que pase la tormenta, aparece la música y me rescata. Los Violines de Vivaldi han decidido darme el oxigeno suficiente para mirar el altar de mis Dioses y abrir una pequeña ventana para que entre el aire. Con cada una de las notas que salen de los altavoces, se va parte del miedo, parte de las dudas, parte de las sombras. Si los Dioses, no solo los míos, los de todo el mundo tienen una voz, si hay una forma de comprar que ellos existen es Ella. Quien nos acerca y nos conecta de nuevo al flujo de la vida cuando decidimos tirar al toalla. Me levanto un día más, aunque eche de menos cosas que jamás volveran y no entienda un 90% de lo que sucede en mis días ultimamente, me levanto. Quizás a través de la música encuentre la partitura que estoy destinada a tocar.

13 de Agosto

Cuando ves a una manada de lobos, el jefe siempre se queda detrás, controlando a todos para que nadie se pierda, para que nadie sea atacado sin recibir ayuda. Yo un día conocí al lider de una manada de lobos. El siempre miraba a los suyos desde su silencio y en su reino trabajaba para que nadie se quedara atrás. Para que ninguna injusticia los rozara. Este lobo, que rey y señor de su territorio nunca dejó de trabajar, decidió un buen día hacer volar al Fenix bajo la Tierra a la que juró defender. Las hienas respondieron a la guerra que sin querer el fuego había desatado. Los inmortales desde el cielo apretaban los puños. Los pactos están para cumplirlos y no era momentos para ellos actuar aún.

Había un destino que cumplir y el lobo jefe, con su pequeña manada se marchó de su reino. Vestido de mendigo, de perro faldero, guardando la furia de todos sus ancestros en el pecho, jurándose volver y entregar la oportunidad que el había perdido a la siguiente generación. Lo llevaron a un bosque frio, donde no había lobos, donde el honor se había emborrachado de cerveza negra y bailaba al ritmo de un violín desafinado. Y allí, perdió parte de su alma.

Cuando tras muchos años, el lobo regresó solo a su reino le contaron que habían ganado la guerra y la libertad, que debía alegrarse. El sabía que solo habían cambiado el collar que los sujetaba del cuello. Solo habían cambiado de amos y la tierra que tanto amaba seguiría conquistada por extraños, por extranjeros, por seguidores de algo que no era suyo. Entonces llamó al Fenix, le prometió que entregaría su secreto al futuro e hizo a sus dos pequeños lobos jurar lo mismo. Esperarían dos vidas hasta volver a encontrarse, entonces invocarían sus memorias y con ellas el fuego del Renacimiento y una segunda oportunidad para que la libertad pudiera abrirse paso en el Reino.

Yo conocí a ese lobo. Conocí su eterna pipa y sus ojos de piedra verde que traspasaban cualquier alma. Conocí su sueño y sus fracasos. Conocí su mano y la arruga de su abrigo, conocí sus principios y sus defectos. El me enseño a gritar en el bosque su nombre. El me enseño a bajar al centro de la tierra y saber donde duerme. El, que tiene su reino más allá de los mapas, más allá de la sangre y más allá del tiempo. El que cada noche aulla en la montaña de los lobos a quien quiere escucharle está a punto de hacer la llamada definitiva. Y yo que aún recuerdo mis promesas y mis pactos, responderé a ella.

La palabra siempre hay que mantenerla. Y el lobo será quien nos reuna de nuevo a todos.assets_large_t_175762_53523646_type13145

*Parte de un relato de fantasía que estoy escribiendo para un concurso* 🙂

Panselino

Y unas puertas abiertas. Columnas vivas que laten con su presencia. La luna en tu espalda. Y la danza en espiral de tus serpientes, que alimentadas con miel y leche bailan a tu compás, divinas. Los hilos que tejes dejan entender quien eres. Y yo, frente a ti, con fuego en mis manos que no se ve, se que mi alma tiene un propósito y es cruzar el velo. Llegar más allá. La luz, que reflejas brilla más que cualquiera de las almas que se atreven a juzgarme. Y tu, que me abriste el camino para convertirme en héroe cada día, tu, que me llevaste ante los ojos dulces de la predilecta hija de Zeus, tu señora de la Tierra, del Mar y del Cielo guías mis pasos junto a ella. Y no hay lógica que entienda como se tejieron tales energías en mi ser, lógica humana pues tu y ella lo entendéis.

Cansada de caminar en círculos, cansada de bocas que hablan mucho de lo que no saben, de aparentar vivir una vida que no es mía, llegue al borde de tu encrucijada otra vez. Y en ese cruce, allí dentro, solo encontré virtud. La virtud que me despertó un día y trajo mis pasos a Hellas. La virtud de la que me hizo ver quien de verdad era. La virtud que me trajeron cada una de las torres que tumbaron mi vida para hacerla mejor.

Tus serpientes danzan y yo con ellas. Tengo la sensación de que han pasado más de mil años desde la última vez que estuve aquí. Tu que cruzaste el camino de la compañera más leal con el mio, tu que has sido maestra, madre, diosa y guía. Tu, aún recuerdas mi nombre. Y yo el tuyo.

Hekate.

 

Y llego Agosto…

Y las calles de Atenas se empiezan a quedar desiertas. Pasa algo similar a lo que sucede en Madrid en estas fechas. Hace calor, pero realmente es la mejor época para disfrutar de Atenas sin el centro lleno de coches, sin las oficinas llenas de gente y sin aguantar colas. Solo los monumentos y sitios turísticos soportan en estas fechas su mayor carga de visitas. Para el resto, quedarse en Atenas en Agosto es una tontería. Y una locura.

A mi me gusta…

Es mi ciudad favorita en el mundo ❤

Este verano está trayendo muchas, muchas novedades. Alex se ha cortado el pelo y su caracter ha dado un cambio radical. También ha aprendido a bucear en la playa y le ha perdido el miedo a meterse sin nada. Ha ido por primera vez a un campamento de verano y lo ha pasado genial entre profesores y niños y dándole a mamá un respiro para poder hacer otras cosas. Un adelanto del colegio al que irá por primera vez en menos de un mes y medio.

Galena ha tenido un ascenso y ahora es la preciosa trainer de su departamento.

Y yo he abierto una tienda online que empieza a funcionar bastante bien.

Además hemos por fin formalizado nuestra pareja aquí con un “contrato de pareja de hecho” que es lo más parecido a casarse en esta Grecia mía que va un poco por detrás respecto a algunos temas.

La vida marcha.

Nuestra familia avanza.

Y yo yo no pido más que ellos estén bien, que estemos bien.

Feliz verano ❤

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En la isla de los heroes…

Un día de una época mala, de esas en las que no te puedes levantar, de esas que lo único que quieres es comer pizza y beberte hasta el agua de los floreros me encontré en uno de mis sueños con Atenea.

La Diosa tenía una lechuza tamaño avión. Me pidió amablemente que me subiera. Recuerdo con claridad el tacto de las plumas en mi cara y la cara de la diosa mirándome. Tras un paseo por el mar, descubrí que habíamos llegado a una isla. Dentro de la isla, había un palacio precioso, de tonos rojos y amarillos, de marmoles pulidos que brillaban como el sol. El palacio estaba rodeado de animales. Miles de cerdos, leones, gallos, gallinas. Cuando el tercer cerdo se acercó a mi supe que estabamos en la casa de Circe.

Atenea me mandó guardar silencio y me llevó al salón principal. Odiseo, mi héroe favorito hacia el amor con Circe mientras los animales los rodeaban. En una copa con vino que había en su mano salía una serpiente, el vino se derramaba en sus cuerpos y parecía que no era la primera vez. Todo estaba lleno de comida empezada y Odiseo, estaba muy lejos de ser el Rey de Itaca que yo he admirado desde niña. No porque estuviera haciendo sexo mientras comía y bebia con una diosa. Si no por su actitud. Lo observé por mucho rato y parecía haberse olvidado de su hijo, de Itaca y de Penélope.

Le pregunté a Atenea por qué me enseñaba esa escena. No era a Odiseo perdido en los encantos de Circe a quien necesitaba ver ahora. La diosa me preguntó si conocía que seguía después. Le dije que Circe le daba la pista para continuar su viaje cuando Odiseo reafirmaba su voluntad de hacerlo y que incluso le daba la pista para triunfar en el Hades y salir victorioso de allí.

Sonreí. Lo entendí. Ella habló.

Todos los humanos caen. Todos. Un héroe aspira a ser Dios, la aspiración de un humano debería ser héroe. Y eso os coloca en el camino heróico. Y el camino del héroe se define por aprender a levantarse de las caidas ¿Quién eres tu hija mía para no permitirte caer cuando los héroes más grandes de la historia, aquellos que iban bajo mi mano se han perdido a veces? Perderse es parte del camino. La obligación de aquel que aspira a ser más, a llegar más allá es levantarse. Levántate. Todos los héroes han caído antes de ser dioses. Todos los humanos caeran infinitas veces antes de ser héroes.

Atenea me dió una abrazo y me cubrió con su capa. También me colocó un casco. Me desperté en el acto. Era de día y salté a la ducha. Me vestí y comencé a planificar mi vida. Ese día decidí que un día viviría en Grecia. Ese día decidí que un día cogería las riendas.

Παλλάδαν Περσέπολιν κλήζω
πολεμαδόκον αγνάν
παίδαν Διός μεγάλου
Δαμνήπολον ,Δαμασιππον ,Παρθένον

 

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Itaca, tu.

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Te quiero,

Quiero empezar así directo. Se que ahora estás riendo, con esa media sonrisa que te hace un pequeño hoyuelo debajo de la boca. Y haces bien en reirte, todos los que tenemos la suerte de compartir el mundo contigo saldríamos ganando si vieramos tu sonrisa más.

Te has ido y yo hoy no trabajo. Alex está en la cama y duerme. Yo me he levantado medio zombie y me he ido a hacer el desayuno. Sabía que no estabas, aún recordaba tu beso y tu buenos días antes de irte. Cuando me he dado cuenta estaba haciendo desayuno para las dos. Cafe y tostadas de tomate con queso, como te gustan. Me he reído mucho cuando me he dado cuenta.

Telika…

Te decía que te quiero. Así como para hacerte desayuno cada mañana, aunque no estés. Te quiero como Calipso deseaba a Odiseo, pero también como Odiseo quería a Penélope. Te quiero como cuando encuentras Itaca. Te quiero cuando danzas como Afrodita, o cuando levantas las manos como serpientes y te transformas en Circe. Te quiero cuando encuentras a Hera dentro de ti y eres la que sostiene conmigo, esta familia que las dos hemos construído. Tu palabras cada día son el hilo de Ariadna que me ayudan a salir del Laberinto. Te quiero cuando escribes, cuando haces magia y con tus palabras traes el regalo de Mnemosine. Te quiero cuando eres la roja que danza y trae la vida, te quiero cuando me recuerdas quien soy yo. Te quiero de noche, de día y cuando no estás. Aunque siempre estás. Aunque me tenga que comer yo dos desayunos. Esa es la prueba de que lo que digo es cierto.

No hay Itaca sin ti. No hay palacio que encuentre si tu no estás dentro. No hay batalla que pelear si tu no la luchas a mi lado. No hay travesia que andar si tu no eres mi compañera de viaje. No podré dejar atrás las sirenas si no eres tu quien me ata al mastil del barco. No podre salir del Inframundo si no eres tu quien me espera en casa.

Nunca serás mi Penelope porque eres mucho más. Mi perfecta compañera, mi caballo ganador, la sonrisa que me hace ser feliz y mejor cada mañana. No hubiera podido llegar donde estoy sin ti. Te quiero ¿Te lo he dicho ya? 🙂

Reorganizándome….

“Si no aprendes a dejar de desayunar, serás gorda”

“Como no te metas en una 40, te acuerdas”

“¿Cómo voy a hacer yo que esta gorda entre en este vestido?”

Algunas de las perlas que han programado mi mente para convertirme en lo que tanto me pronosticaban cuando era pequeña. Una persona con obesidad mórbida incapaz de perder un solo gramo sin recuperarlo después.

Me crie en una casa un poco superficial. En una familia donde se esperaba que mi primer sueldo como canguro fuera a para para comprarme ropa y maquillaje y no en libros como fue 🙂 Durante la semana, las dietas obsesivas de mi madrastra ( la dieta de soja, la de avena, la de la zanahoria ¡todas las había probado con menos de 14 años ) me mataban a hambre cuando en el fin de semana me escapaba a casa de mis abuelos, intentaban cubrir las deficiencias con más comida. Recuerdo que mi abuela compraba pack de 4 hamburguesas para mi y solo para cenar una noche. Aquella comida era exquisita y sentía realmente que si no me la comía mi abuela se pondría triste. Así que mi vida transcurría pasando hambre entre semana y comiendo como una autentica cerda feliz los findes.  Todos en cierto modo hemos pasado por eso en la casa donde me crie. Antonio, mi progenitor legal, es a sus 60 años una persona anoréxica que es capaz de matarte si comes en su casa algo que no está planeado o mi hermano, con 26 no es capaz de tener una conversación normal sin hablar de comida y deporte.

Toda mi vida he identificado la comida con los sentimientos. Por eso la primera vez que Rubén me dejo, me volví anoréxica o cuando me mudé al pueblo tras la EGB y me sentí la persona más sola del mundo me metía los dedos para vomitar cada vez que comía. Hace mucho que no lo hago, por si hay alguien que se preocupa, pero lo que si hago es atracar el frigorífico cada vez que ante mis ojos aparece un problema. Y ahora ha llegado el momento de parar esto. De ponerle a mi nous un poco de orden y empezar a mirar al futuro dentro de un cuerpo sano y acorde con los principios que rigen mi vida.

Hoy me he pesado, no voy a decir el peso, lo tengo apuntadico en una libretica y solo yo se cuantos kilos tengo que perder. Solo quería dejar esto aquí para manifestar mi voluntad de que en un año, el cuerpo que tengo, la maravillosa máquina que me han dado los Dioses para vivir, estará más cerca de mi alma. Prometido. Tenéis mi palabra.

 

Y de nuevo a la Montaña de los Dioses… Promithia 2107

Mi suerte, mi honor, que las únicas vacaciones que hago todos los años con seguridad son las del Monte Olimpo. La Promithia se asoma de nuevo, por la vuelta de la esquina. Se asoma para recordarme que se acercan noches a la luz de las estrellas,  hablando alrededor de velas encendidas, incienso antimosquito y tiendas de campaña. Se acerca para recordarme que en medio del bosque, escucharé la voz de Atenea en las lechuzas que se acerquen y la de Zeus en la montaña en cada uno de mis pasos.

Puede que las Ninfas, decidan acercarse a los humanos esta vez. Puede ser que de nuevo me sorprenda a mi misma hablando con gente que jamás pensé que hablaría o puede que encuentre una voz nueva dentro de mi.

La semana por la que todo el mundo espera, todo el año, ya está aquí. Dejaremos la Poli de Atenea para irnos a las montañas de su padre, el rey de los Dioses.

Con la alegría y el honor de saber, que este año, Hekate también tiene un lugar público entre nuestros días (yo he hecho rituales para la Diosa los últimos 3 años, por eso digo público) y que mis amados compañeros de tradición le pierdan el miedo, que no el respeto, a la Diosa de las Encrucijadas.

Tengo 1200 cosas que hacer, desde ahora al mediodía de mañana en el que cogeremos el coche para largarnos al norte. Y solo puedo pensar en abrir la tienda, montarla y tumbarme en el suelo. Así, como si no hubiera pasado un año y nada nos hubiera movido de allí.

Me voy al Olimpo señores, no cuenten conmigo en una semana.

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